Febrero al compás del tamboril


El sábado 4 de febrero, comienzan a desfilar las murgas en los 33 corsos que durante  10 noches vestirán de banderines calles y avenidas de los 48 barrios porteños.

 

 


Foto: Télam

 

 

Los carnavales porteños comienzan este sábado a puro ritmo y color, bajo el influjo del dios Momo, en distintos barrios donde habrá unos 33 corsos durante las 10 noches de festejo de febrero y con la participación de 110 murgas y otros espectáculos.

A 143 años del primer corso porteño, 110 murgas ya están preparadas para desfilar bajo el influjo de dios Momo durante los cuatro fines de semana de febrero y el lunes y martes de carnaval, que este año son los feriados nacionales del 20 y 21.

“Con nuestros estandartes, el colorido de las levitas y al son del bombo con platillo recorremos el centro porteño en un gran festejo carnavalero anunciando que el 4 de febrero comienzan los corsos en más de 35 tablados y con 112 agrupaciones de carnaval”, aseguró en un comunicado la Agrupación Murgas, organizadora del desfile.

Los festejos están organizados por la Comisión de Carnaval, dependiente del Ministerio de Cultura, donde tienen participación las murgas porteñas, declaradas hace 15 años patrimonio cultural de la ciudad, y principales promotoras del carnaval.

“Son 33 corsos en distintos puntos de la ciudad, donde habrá espectáculos de murga, grupos musicales, concurso de disfraces y agrupaciones de carnaval invitadas de la provincia de Buenos Aires”, informó Elsa Calvo, titular de la Comisión de Carnaval.

En esta fiesta del dios Momo se calcula que este año habrá más de 15.000 artistas callejeros recorriendo los corsos barriales con el sonar del bombo con platillo, el baile alocado y el canto crítico y picaresco de las murgas.

Este festejo vuelve a reafirmar y profundizar la identidad del carnaval porteño, con su carácter barrial y su arte y alegría murguera, que son la mayor atracción del carnaval de Buenos Aires.

Habrá corsos en los barrios del Abasto, Almagro, Bajo Flores, Bajo Nuñez, Balvanera, Barracas, Boedo, Coghlan, Colegiales, Flores, Liniers, Lugano, Mataderos, Monserrat, Palermo, Parque Avellaneda, Parque Patricios, Paternal, Piedrabuena, Pompeya, Saavedra, San Lorenzo, San Telmo, Villa Crespo, Villa Pueyrredón y Villa Urquiza.

Entre las murgas que actuarán en carnaval están los Cometas de Boedo, Cachafaces, Pasión Quemera, Los Mismos de Siempre, Los Reyes del Movimiento, Alucinados de Parque Patricios, los Amantes de la Boca, la Gloriosa de Boedo, Calaveras de Constitución, los Mimados de la Paternal, los Girosos de Pompeya.

Las murgas porteñas le dieron la bienvenida a esta fiesta la semana pasada con un gran desfile por la avenida Corrientes con el objetivo de divulgar y promocionar el carnaval en la ciudad, aseguró la Agrupación Murgas.

Con ese desfile de “llegada” del carnaval también festejaron el logro de una larga pelea que dieron las murgas desde comienzos de los `90 por recuperar el feriado de lunes y martes de carnaval, que la última dictadura había eliminado del calendario y se recuperó a fines de 2010 a partir de un decreto de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

“Yo he acompañado y fogoneado la restitución del feriado de Carnaval como artista popular, pero sobre todo como vecino y murguero. Yo creo que el retorno de los feriados de nuestro carnaval, es parte de una acción popular como reacción a muchos años de ocultamiento y represión aún en democracia, en la cual intervienen no solo los actores protagonistas como decir los murgueros o los militantes de la cultura, sino los propios ciudadanos en general, que aún teniendo entre ellos una alta cantidad de reaccionarios a las leyes de patrimonio popular como es en este caso, pudieron lograr que la presidenta tome cartas y disponga de su legítima herramienta legal”, expresó Ariel Prat a ParqueChasweb en 2011.

Para el músico, la murga es portadora de un sentimiento de rabia y orgullo que se baila. Y esa danza constituye una especie de “eslabón perdido entre el compadrito y el negro”.

El rescate de los atributos negros del tango, de la murga, la milonga, el milongón, el guariló y el candombe de porteño, están presentes en la música de Ariel Prat. En  su repertorio, las bases rítmicas afroamericanas se hilvanan en la mistura de distintos instrumentos hasta lograr una heterogénea y cadenciosa fusión de sonidos, donde armonizan la estridencia del bombo murguero con el ronco compás del udú jujeño, y el delgado acorde de la mandolina con la majestad de una trompeta.

Como porteño de ley, Ariel Prat considera que el carnaval está ligado culturalmente a la murga. El sonido del bombo con platillo renueva el pulso y la fiesta se vive intensa y masivamente en barrios, corsos y clubes, sin distinción de piel, sexo, edad y condición social.  Esa es la propuesta que cada miércoles de febrero, Ariel Prat y sus músicos pondrán en el emblemático Torquato Tasso (Defensa 1575): un ciclo murguero y carnavalero con la actuación de distintas murgas porteñas.

Programación:

Miércoles 1º. Los enviciados por Saavedra
Miércoles 8. Los cachafaces de Colegiales
Miércoles 15. Los Pitucos
Miércoles 22. Atacados por la Santa Risa
Miércoles 29. Alucinados de Parque Patricios

Músicos estables e invitados: Juan Subira, Miguel Suarez, Nano Campoliete, Alejandro Caraballo, Sebastián Acuña, Hernán Kallis, Mariano González, Claudio Bierschuvall, Mónica Papalia, Marcela Vigide, Pablo Sánchez y Martín Hernández

 

 


Club El Trébol – Parque Chas: Carnaval en los años 60

El carnaval en Santa María de los Buenos Ayres

La murga porteña tiene una larga historia. Se estima que ya en el 1600 había surgido como práctica, pero recién en 1770 aparece documentada. Es en aquella época precisamente cuando comienzan las prohibiciones, para evitar las aglomeraciones espontáneas y callejeras. El virrey Vertiz restringió candombes y carnavales en las calles, “bajo pena de doscientos azotes y un mes de barraca a los que contraviniesen”. El incendio en el teatro La Ranchería, generado por un proyectil que aterrizó sobre el techo de paja, generó la condena del Carnaval por el gobierno y la Iglesia. Recién en 1854 se reanudaron los bailes oficiales y en 1869 apareció el primer corso oficial. El mismísimo Sarmiento participó del desfile en carroza, y cuenta la historia que, en medio de los juegos de agua, terminó todo mojado y condecorado Emperador del corso. Para el comienzo del nuevo siglo ya había 19 corsos locales, influidos por las prácticas que los inmigrantes traían de sus tierras natales. Y para 1920 la murga porteña ya había adquirido sus características propias –con rasgos particulares en cada barrio–, heredera de otras formas anteriores, como el candombe de los negros, la zarzuela española, la tarantela y las ganas de hacer de los protagonistas de cada momento.

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