Parque Chas tiene una nueva Biblioteca Libre

Bajo la consigna Te llevas  un libro y dejas otro, fue inaugurada en la calle Praga al 1300 entre Moscú y Belgrado (altura Av. de los Incas al 5300).

 

“Todavía no pasó una semana desde que inauguramos la Biblioteca pero ya los vecinos vienen contribuyendo con tanto entusiasmo que ahora me resulta una cosa imprescindible de la cuadra”, relata a ParqueChasWeb el vecino Pablo Capalbo.

 

La propuesta nació de parte de su hijo Nicolás, que es Licenciado en Letras. “El último verano lo pasó en Brasil con el hermano, y al regresar nos contó entusiasmado que allá había en algunas plazas y esquinas heladeras con libros de las que cualquiera podía tomar uno. A él le gusta esa idea loca de que algo tan doméstico y vulnerable como una biblioteca pueda estar en la vereda,  al alcance de la gente que vuelve de trabajar o que va al chino.  Ahí es cuando conviene que sea una heladera,  porque es al ser hermética, proteges los libros de la lluvia y la humedad”, agrega Pablo.

 

La heladera que usan es una Siam roja que encontraron abandonada en la Avenida Triunvirato. El nombre, “Biblioteca libre de Praga”, es por el proyecto de Brasil y por el nombre del pasaje de en Parque Chas. Nuestro vecino nos cuenta que a la heladera tuvieron que hacerle algunas modificaciones para instalarla en la calle: nivelar la base, un techo, un aislante en las juntas y estantes en su interior. Se aprovechó los cuerpos de la heladera para clasificar los libros por edad: arriba adultos y abajo los chicos. También la decoraron con algunas pegatinas para que llamara más la atención y Nicolás escribió un texto introductorio muy bonito que pegaron en la puerta: “Un hábito curioso de la domesticidad porteña es el de abrir mecánicamente la heladera en la esperanza de descubrir que el objeto de nuestro antojo haya aparecido espontáneamente donde hasta hace cinco minutos no había más que repollitos y caldos a medio usar. Tal es una prueba de nuestra fe colectiva en la magia. Hoy el gesto se repite, con algunas variaciones cruciales: la heladera está en la calle, no tiene motor ni corriente eléctrica que la sustente, y -aquí lo más evidente – en su interior hay libros. No se desanime: nuestra heladera Siam roja, reacondicionada como “Biblioteca libre de Praga”, sabrá responder con diligencia y cariño de abuela a su apetito esporádico: bocaditos narrativos, broquetas de versos, sánguches históricos, picadas biográficas y otros tentempiés, todos ellos bien preservados gracias a la frescura de nuestros vecinos. Buen provecho.”

 

El primer libro lo dejó un desconocido durante la primera noche de la Biblioteca libre, antes de que tuviera un estante siquiera; era “Historias de Cronopios y de Famas”  de Cortázar. Para la mañana siguiente, ya había sido intercambiado por otro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace un año, la vecina Inés Kreplak se contactó con ParqueChasWeb para avisarnos que había instalado la primera Biblioteca libre del barrio en la calle Gándara entre Bucarelli y Bauness.

La Biblioteca al paso tiene como lema la idea de compartir: “Llevate un libro. Dejá otro”. Al decir de Inés, es una iniciativa autogestiva y parte de la convicción de que la lectura, tanto en niños como en adultos, nos ayuda a manejar mejor nuestro lenguaje, desarrollar la imaginación y también ejercitar la empatía.

“Los libros y la lectura son también una posibilidad de encuentro con los otros y, en este sentido, es una forma más de construir comunidad en el barrio donde vivimos. Pero esta no es una iniciativa aislada, Parque Chas está repleto de movidas participativas muy interesantes que alentaron a que nos animáramos a llevar el proyecto adelante. Es un barrio mágico y quisimos aportar con un poco más de magia, fantasía e historias diversas”, nos relató nuestra vecina.

Cuentan que este proyecto se inició en Alemania en 2010 a través de la colocación de una biblioteca en la vía pública. Se colocó un mueble con distintos estantes que sostienen libros, ubicado en la vereda, una calle peatonal, una plaza, la playa o, incluso, una cabina telefónica (como el caso de New York). El acceso al libro es absolutamente gratis, el único requisito es dejar un libro a cambio para que siempre haya artículos de lectura disponibles. La idea se expandió rápidamente entre otros países europeos; Estados Unidos, y en Argentina tiene sus réplicas en ciudades como Corrientes o Chaco, todas con un único fundamento: el compartir cultura y solidaridad. Se calcula que hay cerca de 40 mil pequeños libres intercambios en todo el mundo.

 

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