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“Mi infancia en Parque Chas”



Queridos amigos de Parque Chas, yo también formo parte de aquellos privilegiados que pudieron pasar su infancia y adolescencia jugando en las calles de nuestro querido barrio. Nací en Av de los Incas al 4500, entre Triunvirato y Torrent. Fui a la escuela n° 7 en Triunvirato y Mariano Acha, después llamada Domingo Matheu.

Como mis compañeros de clase vivían también en el mismo barrio, pasábamos los momentos libres andando en bicicleta por el barrio (así fue como terminamos de conocerlo muy bien) y jugando en la placita Dominguito Sarmiento o al fútbol en la plaza del Trébol. Alli jugabamos a las bolitas con Carlitos, aprendimos a jugar al metegol y de más grandes aprendimos al billar.

Me acuerdo muy bien de los comercios en torno a mi casa, ya que de chico acompañaba a mi madre a hacer las compras: Enrique, el almacenero de la esquina (Los Incas y Torrent), las panaderías “Las Delicias” (av. Triunvirato) y “Diana” (Cádiz), la heladería “Parque Chas” sobre av. Triunvirato y la famosa pizzería PinPun, en Triunvirato esq. Donato Alvarez (hoy Combatientes de Malvinas). Un gran recuerdo también era la desquería ReQuiBo, ya que en los años 60 invitaba artistas y hacían espectáculos en vivo en un escenario que se armaba sobre la vereda.

En aquellas épocas pasábamos todo el tiempo en la calle con mis amigos (Carlitos, Miguel Angel, Alfredo y el gordo Carlos), andando en bici o simplemente jugando en la vereda. Recuerdo las tardes de verano en carnaval, paseándonos con las bombitas o con los pomos de agua buscando chicas para mojarlas.
Siendo un poco mas grandes, ya en los 70, nuestro pasatiempo favorito era jugar a la pelota en la calle, para eso teníamos diferentes “canchitas” en función del estado de animo de los vecinos. Una era en el pasaje Del Temple. Jugábamos un “frente a frente” usando como arco la puerta del garaje de una casa (del tano Enzo) y el paredón de la casa de enfrente. Cuando los vecinos nos echaban ya que los pelotazos en las puertas eran realmente insoportables, nos mudábamos a Torrent que tenia la ventaja que las veredas eran mas anchas pero el inconveniente que la calle era de adoquines (la pelota no picaba muy bien) y además pasaban mas autos. El otro lugar favorito para hacer buenos picados era el pasaje Behring. Allí vivía uno de mis mejores amigos, Miguel Ángel y recuerdo que pasábamos gran parte de nuestro tiempo en su casa, jugando en la terraza a los autitos cuando éramos pocos y cuando se juntaban unos cuantos bajábamos y jugábamos al fútbol. Se armaban unos lindos picados ya que había una barra de pibes un poco más grandes que nosotros que siempre nos desafiaban. Un partido histórico fue cuando una vez les ganamos ya que nosotros ya habíamos crecido lo suficiente para jugar mejor que ellos al fútbol, fue uno de los días más felices de nuestras vidas.

En paralelo con nuestra actividad futbolística y teniendo en cuenta que ya teníamos entre 14 y 15 años, comenzaron los bailes con las chicas del barrio.

Como en esa época íbamos a escuelas separadas, es decir los varones y las chicas iban a escuelas diferentes, nuestro dialogo con chicas de nuestra edad era limitado y además ninguno de nosotros tenia hermanas de nuestra edad. De modo que el primer contacto con chicas para poder invitarlas tuvo que organizarse tipo operación comando. Con Carlitos habíamos visto que Nora, una de las chicas del barrio que nos gustaba pasaba todas las tardes por la puerta de mi casa volviendo del colegio. Así fue como una tarde (después de haber pasado una semana pensando que decir) tomamos coraje y nos acercamos a ella para proponerle hacer un “asalto” como se decía por esas épocas en casa de Miguel Ángel.

Las chicas se ocuparían de la comida y nosotros de las bebidas. La idea tuvo éxito ya que Nora invito a sus amigas, Maria Elena y Liliana y un sábado hicimos la fiesta en la terraza de la casa de Miguel. El solo inconveniente fue que ellas eran tres y nosotros seis, así que tuvimos que organizarnos para que todos pudieran bailar. Todo funciono de maravillas hasta que el papá de unas de las chicas llego furioso a la fiesta protestando ya que había visto a su hija bailando “muy abrazada” con uno de los chicos ! Después nos enteramos que el muy pícaro se había subido al tanque de agua de su casa (sobre la calle Arismendi) y desde allí espiaba lo que hacíamos en la terraza de la casa de Miguel que daba sobre Behring. Ese evento no tuvo influencias sobre los futuros bailes que seguimos haciendo en diferentes casas, pero la anécdota del papá subido al tanque de agua permaneció latente ya que inconscientemente siempre mirábamos alrededor nuestro mientras bailábamos los “lentos”.

Luego fuimos creciendo y salimos de los límites de nuestro barrio. Comenzamos a ir a bailes de estudiantes organizados por los colegios para juntar dinero para el viaje de fin de año, o sino a locales bailables, San Jorge sobre la calle Nazca o a Vicente López u Olivos que estaba muy a la moda en esas épocas. Eso nos permitió hacer otras amistades y sobre todo conocer a nuestras novias y con el correr del tiempo organizar nuestras vidas de otra forma, los estudios universitarios, el trabajo, fundar una familia y en mi caso seguir mi carrera en el extranjero. No obstante eso, por suerte pudimos mantener esa profunda amistad con los amigos de la infancia y seguir en contacto o viéndonos de tanto en tanto para recordar lo que fue para nosotros los mejores años de nuestras vidas, nuestra infancia en Parque Chas.

Desde Francia nos escribió Natalio Vita/ Fecha de Publicación:14/08/09

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