Homenajearon a Eduardo Mignogna

A cinco años de su fallecimiento, el Director de cine y televisión, dramaturgo, novelista y guionista ligado en su infancia a Parque Chas, fue reconocido por la Academia Argentina de Letras y Fund TV, por sus  aportes narrativos a la TV nacional.

 


foto cinenacional.com

 

Por Fernando Belvedere

 

Un justo y emotivo homenaje a Eduardo Mignogna se realizó el martes 25 de octubre en la Sala “Leopoldo Lugones” de la Academia Argentina de Letras. El encuentro, titulado “Del guión a la imagen”,  contó con la presencia de familiares, amigos y compañeros de trabajo del director de Evita (quien quiera oír que oiga).


En el panel estuvieron la socióloga y guionista Graciela Maglie, el actor Víctor Laplace y la periodista Ana Cacopardo.

 

Durante la charla se proyectaron fragmentos de la miniserie televisiva “HORACIO QUIROGA”, del  documental “Mocosos y chiflados”, 1986, sobre la murga porteña y del mediometraje  “Cartoneros de la Villa Itatí”, 2003, que muestra cómo se, consolidó, a partir de su realización, una cooperativa de trabajo en el lugar, en el peor momento de la crisis económica del 2001.

 

Maglie, coguionista de la biografía ficcionalizada Horacio Quiroga: entre personas y personajes (1987), habló en función de la miniserie contando el marco en el que nació, y las estrategias de narración elaboradas conjuntamente con Mignogna para el guión.

 

Durante su exposición aportó  algunas reflexiones sobre la cuestión de la verosimilitud en el audiovisual, dadas las características tan densas de la vida de Quiroga y alguna anécdota de filmación –realizada en la casa de Quiroga en San Ignacio-, Misiones- donde realidad y ficción volvieron a cruzarse: “Eduardo no quiso ilustrar cuentos de Quiroga. Su estrategia narrativa buscaba acceder al universo del escritor con la consigna de que los límites entre vida y obra quedaran inciertos”.

 

En cuanto a “Mocosos y chiflados”, un documental  que habla  sobre la murga porteña, Maglie señaló que el trabajo se hizo en el marco de un ciclo sobre cultura popular dirigido por Pacho O’Donell. Mignogna, eligió como tema la Murga en un momento que ésta estaba oculta. Eduardo recordaba las comparsas de su infancia en su querido barrio Parque Chas y también Villa Urquiza: “Desde una expresión cultural que estaba soterrada, a Eduardo se le ocurrió que el documental debía ser filmado bajo tierra. Y así fue que algunas tomas se realizaron en las alcantarillas debajo de la avenida Juan B. Justo. Gracias a este documental, revivieron dos murgas;  Los Mocosos y Los Chiflados de Liniers”, recordó su amiga Graciela Maglie.

 

Por último, la periodista Ana Cacopardo, habló sobre la experiencia de filmar el mediometraje Cartoneros de la Villa Itatí:

“Este trabajo se realizó en un momento trágico del país, por lo que representa una obra comprometida con esos tiempos políticos. A Eduardo lo conectó con su historia de militancia de los años 70.
Mignogna decidió que los miembros de la cooperativa de cartoneros filmaran ellos mismos su proceso de trabajo. Fue así que les donó una cámara y formó a tres integrantes en el arte del rodaje cinematográfico. Aquella, fue una experiencia militante en un país incierto”.

 

Notas realcionadas:

“Sol de primavera”, para el homenaje a Eduardo Mignogna

Entrevista a Eduardo Mignogna

 

 

Eduardo Mignogna y Parque Chas

Por Fernando Belvedere

– “¿Sabe usted quien jugaba al fútbol en esta plaza?”
– No, respondí…
– “Eduardo Mignogna”.

Este diálogo se produjo en 2002, tomando un café con Don Ernesto Piaggio en la sede del Club “El Trébol”; de cuya institución social y deportiva era su fundador y presidente.

Gracias a él, lo primero que supe del director de “Evita, quien quiera oír que oiga” y su relación con Parque Chas; fue que de niño solía despuntar sus habilidades futbolísticas en la manzana delimitada por las calles Gándara, Bauness, Londres y Liverpool; más conocida como la placita “deltrébol”.

-“¡Trate de encontrarlo y pregúntele si es verdad lo que le digo!”, me indicó Piaggio aquel día.

El presidente de El Trébol tenía razón, no sólo que el futuro autor de “La fuga” jugaba al fútbol en el barrio, sino que también su ligazón y su amor por Parque Chas era más profundo de lo que yo creía. Además, guardaba un gran recuerdo y cariño hacia Don Ernesto, que falleció en 2005.

El 14 de agosto de 2002, grabador en mano, me apersoné en la productora de Mignogna; con quien habíamos convenido el encuentro para indagar acerca de su relación con el barrio/laberinto.

Los párrafos que siguen son parte de aquella cita:

“La casa de mis abuelos quedaba en Cádiz 4285 entre Bauness y Avalos. Típica casa con jardín al frente con un banco de cemento donde mis abuelos se sentaban.

Crecí en Parque Chas hasta los 18 años entre sus oscurísimas calles, peligrosas calles, de noches llenas de duendes y misterios, y de las parejas que se arrullaban a la vera de los plátanos, y con los chicos que jugaban a las escondidas, y con la gente que sacaba la silla a la puerta de la calle y que contaban historias.

El recuerdo que yo tengo de esa gente eran las historias de inmigrantes, de sus lugares de nacimiento, de sus trabajos, relatos verdaderamente entrañables. Parque Chas era una ciudad dentro de la ciudad.

En Parque Chas jugábamos un juego que no conocí en otro lugar: Con la corteza de los plátanos hacíamos unos barquitos y los días de lluvia con el agua cristalina que corría por las acequias del cordón de la vereda soltábamos nuestras pequeñas embarcaciones imaginarias las cuáles tenían que sortear las hojas y piedras que se les cruzaban, era una carrera suicida que terminaba en las bocas de tormenta. Uno ganaba pero se quedaba sin el barquito que llegaba a medir dos centímetros.

El fútbol y el deporte era la placita que luego fue de El Trébol, había una mirada muy conmovedora acerca de la niñez, había mucha gente empeñada en que los chicos la pasaran bien. Se inventaban copas, trofeos, y el recuerdo que tengo es la alternancia entre los partidos organizados y más profesionales, y los picados frente a frente con un toque más amateur.

Todo esto se desarrollaba en la usina de la esquina sagrada de Gándara y Bauness en donde allí cada domingo renacían las esperanzas, en donde se repartían caramelos y golosinas todo de la mano de Don Ernesto Piaggio en cuya persona se sintetizan los recuerdos de muchos de nosotros, sin duda Piaggio debería tener su monumento en la plaza. Parque Chas era una frontera con la nada porque alrededor no había nada y ha sido una usina muy importante en mi vida porque está básicamente relacionado a lo lúdico y al misterio y es muy probable que todo ello esté relacionado con la elección de mi profesión.

Salir y entrar de Parque Chas requiere de un esfuerzo, como salir y entrar de las cosas nobles y grandes.

Creo que en la posibilidad de no salir y de no encontrarse a una cita reside el encanto y el misterio de Parque Chas. No encontrarse en una cita, así como encontrarse tiene que ver con lo que decía Borges de que todo encuentro casual es una cita, y encontrarse con los vecinos del barrio sin proponérselo era parte del misterio.

Y la historia de solidaridad de Parque Chas tenía que ver principalmente por que otro era Buenos Aires, otro era el país, los inmigrantes todavía estaban vivos, los abuelos estaban vivos.

Ellos nos enseñaron que el Apellido era sagrado, que la sinceridad era obligatoria y que la honestidad no se desperdiciaba ni se mal vendía, se vivía de otra manera”.

La entrevista duró 45 minutos. Fue un relato emocionado de Eduardo Mignogna, a través del cual confesó que los mejores recuerdos de su infancia habían transcurrido en Parque Chas.

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