“El Sanatario de Montmartre”


 

Como su viejo trombón al que bautizara él mismo como “Highlander”, porque resistió años, viajes, mudanzas y desatenciones musicales; el maestro Juan Carlos Cáceres aún la pelea en su casa de las afueras de París, en Perigny, cruzando la calle se encuentra la casa en donde se reunieran en 1938 los popes de la 4º Internacional y no muy lejos de la Sanmartina Boulogne Sur-Mer.

 

Con entrada Libre y gratuita, el miércoles 1º de abril desde las 19 horas se realizará en el Auditorio de Radio Nacional (Maipú 555), “CACERES MON AMOUR”; un tributo al maestro Juan Carlos Cáceres. Impulsado por el juglar Ariel Prat; el homenaje contará con la presencia de  Juan Subirá y amigos, Maria Volonte con Kevin Carrel Footer, Julián Peralta y Mariano González Calo (Astillero Tango), Centro Murga Los Viciosos de Almagro, Garufa de Constitución, Juan Seren, Omar Giammarco, Nicolás Ciocchini Choco, China Cruel, el propio Ariel Prat (con Hernan Kallis Kallis, Martin Hernandez, Alejandro Caraballo, Mono Hurtado), Tangó y varias sorpresas más.

Radicado en París hace varios años, Juan Carlos Cáceres está pasando por un difícil momento de salud. Ariel Prat, desde su columna del Portal de Parque Chas,  le dedica el siguiente texto cargado de cariño, emoción y reconocimiento al maestro.

 

Por Ariel Prat
(para el Portal de Parque Chas)

 

Andante desmedido, defensor inclaudicable y obseso de la parte oculta de nuestra historia, la negada por los hegemónicos de la política que siguieron el hilo conductor mitrista y sarmientino a través de los años hasta hoy en donde sus viejas posiciones retornan a diario desde los ataques textuales y verbales a quienes intentan desmoronar con hechos esa historia de negación. Los que marcan en definitiva la cancha de los opositores desde medios que nunca fueron independientes, más bien todo lo contrario y que hoy ya no necesitan ser un partido.

 

En su viejo atelier de Montmartre, durante años hasta hoy, se sucedieron charlas, clases, ensayos, discusiones o encendidas ideas musicales y/o poéticas para el desarrollo de una importante y significativa obra musical, sin olvidarme de la obra como artista plástico, parte fundamental de su vida plena de talento y trabajo incansable. Así como en la música, en donde se extendiera desde el jazz y sus experimentos sonoros en los sesenta hasta el descubrimiento determinante de la “pata negra” del tango; en su obra de pintor, ha sabido moverse incandescente desde el expresionismo “sudaca” ya comprometido con la historia de su patria natal, hasta desembarcar en lo figurativo y lo abstracto, cosas que aprendí de su mismo puño y letra cuando me tocó armar una exposición en el antiguo Monasterio de Veruela en Zaragoza y me desasnó con paciencia para que esa “Tres argentinos hoy” tuviera un “experto” de “comisario”, que fue en lo que finalmente me convirtieron para firmar el contrato en la diputación de la bella y profunda provincia aragonesa.

 

Por eso alguna vez, entre risas, mates y vino tinto (no en ese orden o si, ya es imposible recordarlo), se nos ocurrió bautizar al reducto de la Rue Rochechouart como “El Sanatario”. Allí muchos, curamos vicios e ignorancias bien aprendidas, de todas las latitudes, no solo argentinos trashumantes o anclados, sino africanos, franchutes y el mismo maestro, quien se sintió más de una vez sorprendido por cosas que se le habían escapado a caballo del humo de su desarraigo natural, en una tierra a la que no le fue fácil conquistar, diametralmente opuesto a lo que logró poco a poco en Francia y tantos lugares del mundo en donde, aun apagándose su llama hoy, resonarán sus temas y su obra se desplegará en un mapa único y experto sin final ni negaciones obtusas.

 

En “El Sanatario”, un 19 de marzo de 2003, hace doce años;  sonó el bombo de murga por primera vez en París, para lo cual, el viejo maestro convocó figuras de la cultura parisina y este cronista ocasional, no solo ejecutó en mediocre performance, sino que bailó orgullosamente murga hasta hacerlo junto a todos los presentes, incluidos milongueros reconocidos de las milongas parisinas y periodistas varios. Debo reconocer que pasé de largo el pudor al sentirme un poco como “el mono frente a la academia”…si fuera religioso, lo rebautizaría ya a estas alturas místicas como “El Santuario”.

 

Hoy, Juan Carlos Cáceres, ya ni puede hablar, ni tocar, ni pintar o levantar un lápiz siquiera. Ni “fifar”, término que según aseveran, lo creó él en su loca bohemia a fines de los 50. Pero su obra integral, su maestría y todas esas horas en aquella cueva de la ciudad Luz, estimulan, alumbran y obligan a que le hagamos en vida un homenaje, quienes seguiremos en esa “sanata” como una espuma de carnaval eterna, intentando que el mundo sepa, y cuando escribo MUNDO incluyo a nuestra tierra; cuestiones que han posibilitado que seamos una Nación, esa que construyeron europeos, pero también africanos esclavos, libertos, afroargentinos al fin y aborígenes y que el “Gordo Cacerola” nos enseñó desde su arte, fuera de toda sospecha de sanateada. Único y genial. Don Juan Carlos Cáceres “Mon Amour”.

 

Parque Chas, 18 de marzo de 2015.

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