Noticias destacadasParque Chas

El rastro del caracol: la historia de amor, exilio y autogestión de Norma y Cachita que marcó las calles de Parque Chas

Tiempo de lectura: 4 minutos

 

 

 

Hay historias de amor y militancia que se tejen en el laberinto de nuestras calles y terminan transformando la realidad entera. El pasado 12 de junio, el Salón Montevideo de la Legislatura porteña se colmó de vecinos, activistas y referentes comunitarios para la presentación de «El sendero oculto», la autobiografía de Norma Castillo, pionera del primer matrimonio igualitario entre lesbianas de América Latina.

 

Por Redacción ParqueChasweb

Organizado por el Parlamento de las Mujeres, Géneros y Diversidad y acompañado por el Frente Orgullo y Lucha, el encuentro excedió los límites del protocolo para transformarse en un cálido abrazo a la memoria colectiva. Sin embargo, para quienes habitamos el barrio, esa inmensa historia de resistencia tiene un punto de partida muy cercano y cotidiano: las veredas de Parque Chas.

El recorrido que llevó a Norma y a su compañera de vida, Ramona «Cachita» Arévalo, a convertirse en un símbolo de los derechos humanos al casarse en abril de 2010 —gracias a un amparo impulsado por 100% Diversidad y Derechos y defendido por la jueza Elena Liberatori— estuvo signado por el desarraigo y la adversidad. Perseguidas por la última dictadura cívico-militar-eclesiástica, debieron transitar el exilio por Bolivia y Ecuador hasta instalarse en Barranquilla, Colombia, donde construyeron comunidad desde el afecto. Al regresar a la Argentina, el destino las cruzó en 2003 con la vecina Roxana Arellano en una humilde panadería del barrio. Buscando personal para un taller de costura local, Roxana conoció a Norma, quien le acercó el contacto de su entrañable compañera uruguaya. Así llegó Cachita, aportando su calidez y un acento caribeño, mientras Norma dividía sus horas entre el mostrador y el cuidado de su madre enferma.

Aquel lazo puramente afectivo mutó rápidamente en un compromiso político profundo. Todo comenzó una tarde de sábado en la que se planificaba una actividad barrial; Norma se instaló en el taller de costura de Roxana y, entre mates, botellas de vino y el ruido de la máquina de coser, conversaron ininterrumpidamente hasta la mañana del día siguiente sobre la Argentina que soñaban reconstruir. Esas charlas nocturnas se convirtieron en un ritual diario donde Norma comenzó a desandar sus recuerdos más dolorosos de la militancia y la tortura. El taller corrió sus máquinas para transformarse en un centro comunitario, sumando voluntades históricas de la zona como Roberto Vespa, la juventud del vecindario y la permanente difusión de este Portal de Parque Chas. Los marcos de participación los llevaron a militar en la Federación, Tierra y Vivienda junto a Luis D’Elía. La verdad sobre la relación entre ambas, oculta tras veinticinco años de silencios impuestos por la época, se reveló casi por casualidad durante un viaje nocturno en el colectivo 127. El impacto de la confesión extendió la charla de las vecinas hasta la madrugada en los bancos de la Plaza del Trébol (Éxodo Jujeño), disipando cualquier prejuicio ante el descubrimiento de un amor tan puro y cotidiano.

 

 

Con la consolidación del grupo humano llegó el momento de abordar la problemática de la vivienda digna. Inspirada en una película colombiana sobre estrategias comunitarias que los vecinos rescataron del archivo de las Madres de Plaza de Mayo, Norma propuso bautizar al proyecto como la Cooperativa de Vivienda «El Caracol». Mientras batallaban por la tierra, las banderas de la visibilidad lésbica y de la ancianidad de la comunidad LGBTINB+ se volvieron primordiales. Norma solía remarcar la dura doble invisibilidad que sufrían las mujeres mayores frente a los varones gay del colectivo. Esa urgencia por no esconderse más impulsó la creación de «Puertas Abiertas», el primer centro de jubilados pensado para la diversidad, y pavimentó el camino hacia el histórico matrimonio en 2010. Aquel enlace en el Hospital Tornú, que sorprendió a los empleados y a la propia justicia por la avanzada edad de las contrayentes, contó con el padrinazgo de los militantes barriales Roberto Vespa y Luis Leguía, tras una propuesta original de Pablo Espejo.

El legado constructivo de ese impulso inicial se materializó de manera ejemplar en la zona. La Cooperativa de Vivienda «El Caracol» Limitada, registrada con la Matrícula Nacional del INAES N.º 29.952, nació formalmente en 2005 bajo el amparo de la Ley N° 341 y el Programa de Autogestión de la Vivienda. Al año siguiente adquirieron el terreno definitivo y, gracias a las políticas de modernización del Instituto de la Vivienda de la Ciudad, iniciaron en 2011 la construcción de un edificio de 31 unidades habitacionales autogestionadas. El esfuerzo vecinal no solo levantó el complejo que hoy se erige en la calle Carlos Antonio López 3573, sino que logró una hazaña financiera sin precedentes al saldar la hipoteca total en apenas cinco años, garantizando la escrituración individual de cada familia. Además, el denodado trabajo comunitario transformó las instalaciones en un polo cultural que la Legislatura porteña declaró de interés social y cultural en 2016, rescatando del abandono un inmueble para convertirlo en un espacio de hábitat, arte y resguardo social.

Norma Castillo, quien también se destaca como una inmensa artista plástica y una de las pocas expertas en la técnica de la geocromía, solía repetir una metáfora que hoy define el espíritu de la cooperativa y del barrio. Explicaba que la tarea de las organizaciones sociales es avanzar dejando esa baba persistente que genera el caracol: caminar despacio, de forma colectiva, pero sembrando con paciencia el suelo para dejar una marca imborrable en el tiempo. Su testimonio y la obra de El Caracol permanecen hoy como un faro de dignidad para las nuevas generaciones, demostrando que cuando el amor y la organización comunitaria se encuentran en las calles, las transformaciones se vuelven de ladrillo y memoria viva.

 

 

 

 

 

 

Portal de Parque Chas

Redacción

Deja una respuesta