Ola de calor agobia al Primer Mundo. Mientras, Messi nos distrae
Somos adictos a los récords. El inagotable Messi consolida esa adicción. Pero el no tiene la culpa de que Europa protagonice esta siguiente noticia. En la pasada última semana se registraron más de 1000 fallecimientos vinculados a las muertes extremas debidas al calor. No, Messi no tiene la culpa de que nos distraigamos con sus sucesivos récords.
por Rodolfo Braceli
El año pasado otra noticia nos avisó que Francia era el país más afectado. Balas que pican cerca. Por otro lado, desde Miami y Dallas y Miami nos informaban que el calor era insoportable afuera de los estadios. Adentro tenían una refrigeración de 22 grados.
Sigo con lo que nos dicen las noticias: el año que pasó fue el más caluroso de la historia registrada. El caso es que las cifras terminan por anestesiarnos. El acostumbramiento garantiza la impunidad.
Afrontemos las cifras, ¿quién las carga? Damas y caballeros, no las carga el diablo. Las cargan los hacedores de muerte, y de hambre, y, de analfabetización. La cargan los poderosos del mundo, al compás de un neoliberalismo que, sin disimulo, alevosamente, sólo le importa el bien-estar de una reducida porción de los seres vivientes. Ese neoliberalismo que caretea en las reuniones cumbre sobre el clima y la violación de las aguas y de los aires, ese neoliberalismo se nutre en la desmemoria que, su vez, garantiza la impunidad.
Hagamos memoria. Ahí tenemos el ejemplo: ¿Quién se acuerda hoy del terremoto (y del tsunami) sucedido en Haití el 12 de enero del 2010? De ese desastre se difundieron imágenes desgarradoras, y cifras: más de 315 mil muertos, 350 mil heridos, más de un millón de pobres, pobrísimos, que perdieron su magro hogar. Ciento de miles de hambrientos y sedientos, de repente, a la intemperie. Y enseguida el espanto de la falsa solidaridad de los países del autodenominado Primer Mundo. Por caso: la Norteamérica imperial envió 10 mil soldados a Puerto Príncipe. En aquel momento Hugo Chávez puso su dedito en la llaga: “¿Esto es ayuda o es ocupación?” –preguntó con vehemencia. Tuvieron que darle la razón los 27 miembros de la Unión Europea, y especialmente Francia. Todos calificaron de “ocupación militar” a la caritativa presencia norteamericana en Haití.
Reflexionemos. Mientras se alardea con el festival de la industria bélica, en este mundo asistimos a una especie de tsunami perpetuo. Cifras: más de 1.400 millones de personas hacen como que viven con un ingreso de 2 dólares por día. Más del 20 por ciento de la humanidad carece de su pan diario. El 10 por ciento de la población mundial maneja el 75 por ciento de las riquezas. Las 500 personas más ricas del planeta superan los ingresos de unos 400 millones de pobres.
Detrás de la fantochada de solidaridad, las grandes potencias, siempre al compás del neoliberalismo, arrasan sin asco el equilibrio planetario. No hace tanto, en el 2009, se gastaron unos 850 mil millones de dólares en armas asesinadoras. Y para la asistencia alimentaria, ¿cuánto se invirtió? No se invirtió la mitad, ni la mitad de la mitad, ni la mitad de la mitad de la mitad… Se “gastó” 170 veces menos. Moneditas. Limosna.
El caso es que el Apocalipsis de la pobrísima Haití se podría remontar en dos patadas. Con el equivalente de lo que Norteamérica pone en gastos bélicos de un día, de sólo de una hora, Haití podría reconstruirse en meses y convertirse en una especie de Mónaco. Pero claro, suspender la asesinación de los genocidios preventivos sería una locura. Esto dicen los que manejan los números del mundo.
La verdadera cuestión es que el planeta está siendo violado sin feriados por los buitres, por la minería a cielo abierto, por el genocidio de los bosques, por la corrupción de las aguas y de los aires. Y mientras tanto estamos funestamente distraídos. Messi, con sencillez, sigue haciendo goles… Así vamos derechito al horno. Dále que va.
¿Exageración? Hace una década los medios de descomunicación informaban como “curiosidad” que “por el cambio climático, hasta los esquimales necesitan refrigeración”. Que los inuit, en el Québec, estaban instalando aparatos para afrontar el calor.
Toda vez que sucede un desastre emerge el tema del dióxido de carbono. Y saltan las cifras: la Unión Europea marca como límite los 140 gramos por km. en los gases de los escapes. De las 20 marcas más conocidas sólo 3 estaban por debajo de ese nivel. Los países del primer mundo regalan sus conciencias ecológicas a las dictaduras de las multinacionales. La cumbre mundial de científicos en París entregó un informe escalofriante: “La temperatura media de la Tierra subirá entre 1,8 y 4 grados en cien años y el nivel de los océanos aumentará unos 59 centímetros.” Dále que va.
El humano, en sólo 50 años destruyó y/o pudrió más que en toda su historia. Minga de 4 estaciones. Dále que va. No sabemos si el que nombramos Dios tiene látigo, pero la que sí tiene látigo es la Naturaleza. Es la Pachamama: La tierra es violada a rajacincha por los países buitres a través de un sistema por ahora triunfante, el neoliberalismo, adicto a los genocidios preventivos. La religión del consumismo devora de un modo suicidante los recursos primordiales del planeta.
Un detalle: los mayores desastres caen sobre las zonas hambreadas. Por ahora. Pero ojo al piojo: hace unos años un corte de electricidad afectó a 50 millones de humanos, por empezar a Nueva York. La multitud salió a las calles solidarizada por el espanto. ¿Atentado o consecuencia del calor y del calor? Por otro lado, Europa sudó la gota gorda, jadeó. Suiza, la de los bancos preferidos por nuestros atorrantes nativos, en el 2007 tuvo el junio más sofocante en 250 años.
Ya no basta con ser del Primer Mundo para escapar a las consecuencias de lo que le hacen al planeta los gerentes del mundo. La madre Naturaleza pierde la paciencia, se calienta, por la alevosa explotación minera a cielo abierto. La madre Naturaleza pronto se va a hartar de los criminales civilizados, de los exitosos buitres de corbata y chaleco. Cuando se le acabe la paciencia, la madre naturaleza y la pachamama dirán “basta”. Y de pronto no habrá tantas obscenas diferencias entre Primer y Tercer Mundo.
¿Nos hundiremos en el triste consuelo del “mal de muchos”? Cagaremos fuego, debido a la indiferencia activa. Mientras sucede esta condición humana al espiedo, tomemos conciencia de la inconsciencia. Ah, ya tenemos un nuevo eufemismo para disimular y caretear: decimos “muertes extremas” para decir que son muertes debidas a nuestra negligencia global.
¿Vamos hacia un final absoluto sin necesidad de bombas nucleares? Estamos construyendo un apocalipsis que nos cocinará, sin retorno. De todas maneras, damas y caballeros, reconozcamos: es mucho mejor decir “no somos nada” bien comidos y entechados y alfabetizados, que decir “no somos nada” a la intemperie, sin trabajo, acorralados por el desesperado estupor de hijos hambrientos.
Las noticias están aquí: este incipiente verano europeo se sintetiza en la frase que nos dice que Europa muestra un verano “con una histórica ola de calor. Francia es marcado como el país más afectado, según informa la OMS (Organización Mundial de la Salud). Los países de Europa están soportando un promedio de más de 40 grados. El 85 por ciento de los muertos por el “calor extremo” tiene más de 65 años. Se suspenden las clases, colapsan las redes eléctricas, las casas mortuorias cierran por falta de stock. Vivimos al espiedo. El calor y la calor. Gran novedad: ya no hay tanta diferencia entre lo que padecen los habitantes del Primer Mundo y los habitantes del Tercer Mundo. Se está emparejando la calamidad. Y nosotros seguimos distraídos por los goles de alguien que no tiene la culpa. Alguien cuyo apellido empieza con eme. Alguien que nació en el Tercer Mundo y que inocentemente triunfa y deleita en el Primer Mundo.
Lo dicho: Él no tiene la culpa de nuestra adicción a los récords. El con su genialidad nos distrae con sus goles imposibles, mientras su Mundo, nuestro mundo, crepita. ¿Será tarde para tomar conciencia?
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Este texto se publicó originalmente en el diario Jornada online de Mendoza.
