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“Antigua Casa Nuñez”: Cierra la tienda de guitarra más antigua en actividad del mundo

 

 

 

 

La noticia del cierre de la Antigua Casa Núñez, aparecida tímidamente primero en algunas redes sociales, viene acongojando a toda la comunidad guitarrística argentina, y quizás no solo a ella, ya que durante muchas décadas no hubo un hogar que no tuviera su guitarra de la Casa Núñez. Fundada en 1870 por Don Francisco Núñez, un visionario inmigrante gallego que había aprendido el oficio de la confección de guitarras en la Argentina, y en actividad ininterrumpida desde entonces, y siempre en la misma calle (la calle Cuyo, que hasta cambió de nombre en 1911 a calle Sarmiento, es decir que ¡la tienda es más antigua que la propia calle!), aunque cambió de números entre las cuadras 1500 y 1600.

 

 

Por Alejo de los Reyes*

 

Para los guitarristas más jóvenes, quizá el nombre Antigua Casa Núñez no signifique nada; para los que ya pasaron la adolescencia, probablemente sea el sinónimo de una guitarra barata. Sin embargo, para dos o tres generaciones (aquellos que fueron niños en los años 1950, 60 o 70), fue el sinónimo de “la primera guitarra”. Y para los más viejos, una etiqueta de Casa Núñez (con la firma de su dueño, Dionisio Gracia) era la garantía de tener una buena guitarra en las manos, en toda la gama: guitarras de estudio, guitarras de gama media (las de “medio concierto”) y, sobre todo, las construidas artesanalmente por manos muy expertas, que hoy figuran (humildemente al lado de las firmas más famosas) en colecciones de todo el mundo. Y para una minúscula cantidad de aficionados y amantes de la historia de la guitarra, y especialmente los de Argentina (entre los que me cuento), la Casa Núñez es un símbolo, un estandarte, un recuerdo de una época gloriosa (varias, en realidad) de la guitarra en Argentina. También el taller de la cual salieron inolvidables guitarras que estuvieron en las manos de nuestros artistas más icónicos y entrañables. Y esto solo describe una pequeña parte de todo lo que esa institución dio a la cultura guitarrística y musical de nuestro país a lo largo de más de ciento cincuenta años, que abarcaron el siglo XX completo y tres décadas del presente y del siglo XIX. Una firma que comenzó en una época en la que Buenos Aires tenía una fisonomía completamente distinta, con calles de empedrado que surcaban las carretas.

 

 

 

 Carlos Gardel en 1930 con su guitarra “Antigua Casa Núñez”, cuya boca con forma de estrella se asoció siempre con él

 

 

Por ese edificio de Sarmiento 1573 (la dirección definitiva de la Casa Núñez desde 1923) que hoy cierra sus puertas desfiló (y muchas veces se quedó por largos ratos) lo más granado y lo más importante de la guitarra tanto argentina como del mundo. Desde Gardel hasta Atahualpa Yupanqui, desde María Luisa Anido hasta Segovia, de Los Chalchaleros hasta Spinetta, todos pasaron por ese edificio cuyas puertas se abrirán por última vez el próximo 30 de abril. Con el cierre de la Casa Núñez, Buenos Aires pierde una nota más del aroma a guitarra que supo emanar desde su misma fundación.

Va entonces, un pequeño racconto de la historia de esta firma, cuya actividad lamentablemente aún no está lo suficientemente documentada. Espero pueda estar a la altura de su importancia. Muchos de los datos quizá necesiten una corrección, una enmienda y sobre todo una ampliación, pero seguramente servirán para dar un panorama del esplendor de su actividad, que está completamente imbricada con el riquísimo ambiente guitarrístico que fue una característica de Buenos Aires y toda la Argentina hasta no hace mucho tiempo.

La historia comienza con Don Francisco Núñez, nacido en 1841 en Santa María de Tebras, Pontevedra, España.

 

 

 

Publicidad de Francisco Núñez en la revista “Caras y Caretas”, Buenos Aires, 1899

 

 

 

Si bien los mejores constructores de guitarras siempre salieron de España, hay que decir que era muy infrecuente que un gallego se dedicara a la laudería. Núñez es, en ese sentido, todo un símbolo de lo que fue la inmigración española en la Argentina. Él aprendió el oficio en Buenos Aires con un maestro andaluz allí radicado, Salvador Ramírez, quien a su vez fue discípulo de Antonio Lorca, el constructor más importante de Málaga a principios del siglo XIX.

En esta guitarra de Salvador Ramírez (seguramente con el cabezal cambiado a uno moderno, siendo el original con clavijas de madera) podemos ver (sobre todo en la vista del fondo) varias similitudes con los modelos más antiguos de Francisco Núñez, especialmente en la “plantilla” (la forma de la caja), y el pequeño “taco”, bastante distinto de lo que se usa actualmente.

Es difícil precisar en qué año se estableció Salvador Ramírez en Buenos Aires, pero, por la etiqueta de esta guitarra, podemos ver que Salvador Ramírez ya estaba instalado allí en 1858. Por la misma época (1860) llegaría a Buenos Aires desde Mallorca Gaspar Sagreras, quien, según apunta Domingo Prat en su “Diccionario de Guitarristas”, editado en 1934, se casaría con la hija o la hermana de Ramírez (lamentablemente Prat da ambas informaciones, contradictorias entre sí, en las entradas de su diccionario correspondientes a Salvador Ramírez y a Gaspar Sagreras). De esa unión nacería Julio, niño prodigio de la guitarra y destinado a ser el pedagogo más importante de su época en Buenos Aires, junto con Domingo Prat, y de quien aún al día de hoy seguimos estudiando sus seis maravillosos libros de estudios.

Francisco Núñez llega a la Argentina en 1858, por lo cual es entre ese año y 1870 que se forma con Salvador Ramírez, luego de (según Prat) dedicarse a varios oficios, el último de ellos la carpintería. Vale también mencionar a otro discípulo de Ramírez, Pedro Testuri, cuyas guitarras también guardan un notable parecido con las de Núñez, y cuyas hijas Victoria y Magdalena fueron destacadas guitarristas, especialmente Victoria, alumna de Julio Sagreras según el mismo lo destaca en el prólogo de su segundo libro de estudios.

Siempre siguiendo la detallada biografía que Prat realiza de Núñez en su Diccionario, leemos: «En 1870 concibe la formación de la casa que lo prestigiara, en sociedad con un hermano, José Fernández y otro amigo. Todos desertan por las pocas perspectivas que el negocio ofrece, quedando en la lucha únicamente Francisco Núñez, quien luego de unos años de intensa e infatigable labor, se hace notar como el primer industrialista del mundo, en guitarras, superior a Salvador Ibáñez, de Valencia, que ya en esa época había acaparado la mayor parte del mercado hispánico y sus colonias, más la América Central. En el año 1894, en pleno “auge” su negocio, efectúa un provechoso viaje a Europa, desde donde trae todo el montaje de maquinarias modernas, que le permitan la fabricación a gran escala».

Así transcurre la primera etapa de la casa de Francisco Núñez, en un franco ascenso, que lamentablemente hacia el final de la vida de aquel tendría un giro trágico: «De la importancia de su casa y firma, es ilustrativo el hecho que en 1910 se le ofrecían por el transpaso (SIC) $400.000; no aceptó, y antes de seis años se funde por mala administración de algunos de sus familiares, rematándose y quedando pobre el que fuera el primer industrial del mundo en la construcción de guitarras». Una publicación de 1910 citada por Prat apunta que la producción anual de la Casa Núñez era de unas cuarenta mil guitarras, un número verdaderamente descomunal y que habla también de la inmensa demanda de guitarras que había en la región.

Va de suyo que las cuarenta mil guitarras anuales eran de calidades variadas y solo una pequeña cantidad se fabricaba enteramente a mano. En aquella época inicial, muchos importantes músicos argentinos se ven fotografiados con guitarras que probablemente salieron de su taller, como los payadores Bettinotti y Gabino Ezeiza, o Gardel y Razzano. La célebre guitarra con boca de estrella que tanto popularizó Gardel salió del taller de Francisco Núñez. Muchas veces es difícil datar esas guitarras, y muy frecuentemente llevan etiquetas de la tienda en la que se vendían (Breyer, Casa América, Scharf & Velten, etc.), tiendas que, a su vez, posiblemente también fabricaran sus propias guitarras de un modo no muy diferente a las de Núñez, lo que hace que el trabajo de ubicar la fuente de una guitarra de esa época sea bastante difícil. En todo caso, ese modelo de guitarra que hoy llamamos “gardeliana” era precisamente el modelo de más alta calidad que ofrecía el taller de Francisco Núñez. Desde luego, muchos de los más importantes guitarristas clásicos de la época también usaron guitarras de Francisco Núñez, aun cuando generalmente preferían las españolas, que gozaban naturalmente de un mayor prestigio. Y para los menos conocidos (el millar de alumnos que poblaba las academias de Prat, Sagreras, Rizzutti, Sinópoli, Leloup y algunos más, cada una con una concurrencia que se contaba en alrededor de la centena de estudiantes) fue, sin lugar a dudas, el principal proveedor de instrumentos de calidad.

Algunas particularidades de la construcción de las guitarras de Francisco Núñez y otros constructores de su época: (desde luego, cito de memoria y basándome solamente en el modesto conocimiento del tema que pude formar a través de la revista -en primera persona y a través de consultas en Internet- de una cantidad nada despreciable de guitarras de la época; el lector está muy amablemente invitado a corregir, puntualizar o completar esta lista de características)

Las guitarras de la gama más baja suelen ser de caja pequeña, tiro (longitud de cuerda vibrante) bastante corto -625 o 630 mm- clavijas de madera, trastes de bronce (sin redondear), un “taco” bastante pequeño y generalmente sin ningún tipo de “bombé”. En el interior, la austeridad total: solo dos barras transversales sosteniendo la tapa, y una en el fondo. Ni siquiera se utilizan cenefas ni peones para pegar la tapa al aro. En el exterior, igualmente, muy poca o ninguna decoración.

La gama media suele presentar alguna decoración en la tapa. También algunas incrustaciones de hueso en el puente o en las clavijas, si las hay. A veces el fondo e incluso la tapa son bombé. Los clavijeros generalmente son mecánicos. El diseño de la cabeza tiene una forma muy característica, que dibuja dos círculos cóncavos. Los aros y fondo son casi siempre de nogal. Mi querida Casa América de 1917 responde a casi todo esto, sin que pueda asegurar que efectivamente haya sido construida en dicha casa, un problema muy común con las guitarras de esa época. Muy probablemente habrá salido del taller de Núñez.

La gama alta eran las guitarras construidas por el propio Francisco Núñez (seguramente con asistencia de su personal). La caja es más grande de lo que se estilaba en la época, casi como las guitarras que en los años 60 popularizaría José Ramírez III (por cierto, nacido en Argentina unos pocos años después de la muerte de Núñez). El cuerpo es bien bombé, tanto en la tapa como en el fondo, la tapa es profusamente decorada con nácar. La plantilla es también diferente a la que estaba en uso en las guitarras de ese tamaño en España; las Francisco Núñez tienen una forma de “ocho” en la que el lóbulo menor de la guitarra no difiere tanto en tamaño del mayor, y donde la concavidad de los aros es menos pronunciada. La cabeza (siempre con clavijero mecánico) tiene una forma muy particular, como dibujando dos cuernos con una concavidad en el medio. Algo así como el reverso del diseño del cabezal de las demás guitarras. El taco es grueso y de forma redondeada. Los aros y el son fondo de jacarandá brasileño o, a veces, de ciprés, que hasta podía aparecer teñido de negro. Bajo esta descripción podemos ubicar a las guitarras de Gardel y también esta, regalada por la casa Breyer a Agustín Barrios, con etiqueta de esa misma casa.

Prat apunta que «… a la construcción de Núñez se le podrán encontrar algunos defectos en su manufactura, pero no en su sonido que supera en el caso de los dos ejemplares citados [se refiere a las guitarras de Juan Alais a del Dr. Roberto Ezcurra] a los mejores de Torres y otros grandiosos guitarreros». No parece que Prat esté exagerando o mintiendo por amistad, puesto que en su diccionario es capaz de criticar severamente al propio Tárrega (su propio maestro) cuando así lo considera necesario. Por mi propia parte, he podido tocar en tres guitarras de esa época. Una de ellas estaba en manos de un coleccionista que tenía en su valiosa colección varios ejemplares de Manuel Ramírez, García, Simplicio y otros maestros españoles, italianos y franceses. En aquel momento (hace un par de décadas) yo mismo, sin haber todavía leído la cita de Prat, también pensaba que la Francisco Núñez de 1910 (delicadísiamemente dedicada al centenario de la Argentina, con dos incrustaciones de nácar con el dibujo del escudo argentino, una a cada lado del puente) era mi preferida de su colección, tanto por su pujanza de sonido como por su calidad, de un tipo muy particular, muy cristalino, espontáneo y definido.

En esa época gloriosa, Núñez formó a varios constructores, como Manuel Domínguez (también nacido en Pontevedra, en 1873, y emigrado a la Argentina en 1887, y cuyas guitarras, frecuentemente de más de seis cuerdas, fueron admiradas por Prat, García Tolsa y especialmente Giménez Manjón, una de las figuras más importantes del mundo de aquel entonces) y Celestino Méndez (el único no gallego de esta serie, si bien, según apunta Prat, tenía algún parentesco con Núñez; había nacido en Sabariz, Asturias, en 1883, y se estableció en Buenos Aires en 1898).

Sin embargo, su legado se continuó fundamentalmente a través de dos nombres que seguramente se relacionaron con él en los últimos años de su vida: Dionisio Gracia, quien años más tarde se haría cargo de toda la compañía, y Daniel Lago Núñez, sobrino de Francisco (nacido en su misma ciudad y emigrado a Argentina en 1911), que haría luego algunas de las mejores guitarras construidas en la Argentina en su época.

Otro dato interesante es que en esta época comienza el uso del algarrobo, una madera del norte argentino de excelentes propiedades acústicas, para los aros y fondo de la guitarra, material del que Daniel Lago Núñez lograría guitarras que en nada tienen que envidiar a su contraparte de jacarandá, como la que utilizo en este video y que fue durante varios años mi guitarra clásica preferida.

Hacia 1900, Núñez inauguró un salón en su fábrica, destinado especialmente a tertulias. Por allí desfiló lo más importante de la guitarra de su época: los Sagreras, Juan Valler, García Tolsa, Pedro M. Quijano, así como figuras muy importantes de la política de entonces, ya que la guitarra gozaba de la admiración de la aristocracia de la época en puestos tan altos como el del Doctor Wenceslao Escalante, parte del gabinete de ministros de los presidentes Luis Sáenz Peña, José Evaristo Uriburu y Julio A. Roca, que fue un amante declarado de la guitarra, discípulo de Bernardo Troncoso y propietario de dos guitarras de Antonio de Torres. Su amor por el instrumento era tal que aprovechó su estadía en París a principios del siglo XX para tomar clases con Miguel Llobet. Las anécdotas cuentan que incluso acudió a algunas reuniones de ministros con su guitarra por “parecerle más práctico el aprovechamiento del tiempo” (anécdota recogida por el incansable Domingo Prat).

También la “Francisco Núñez y Co.” inició una editorial de música, que editó todas las obras más importantes compuestas para la guitarra en la Argentina en torno a esa época, e incluso fue la primera en editar y dar a conocer en la Argentina la obra de Francisco Tárrega. Luego, y ya como Antigua Casa Núñez, editaría, entre otros autores, las obras de Abel Fleury, una pieza fundamental de la guitarra argentina. La editorial siguió en actividad hasta por lo menos la década de 1960. Gracias a que mi padre oportunamente adquirió todas las partituras de Fleury en aquella época, pude tener la suerte de consultar aquellas partituras originales para la grabación de mi disco con música de Fleury, en lugar de utilizar la versión editada por Ricordi, en la que el revisor (Roberto Lara) introdujo cambios totalmente innecesarios en la digitación, articulación, y hasta en algunas notas.

Como ya se comentó, un golpe de mala suerte hizo que Núñez debiera rematar su fábrica.

Cierra Prat su entrada sobre Francisco Núñez en su Diccionario de Guitarristas con estas palabras que, sin duda, en un día como hoy, producen un triste eco: «… Don Francisco Núñez fue un varón ejemplar. Su honradez siempre estuvo situada en el punto central de los deberes del hombre. Su temperamento más bien místico lo hace reflexivo, exento de apasionamientos que las más de las veces nos obligan a rectificar. Muchos profesionales deben a aquel austero gallego lo que son, pues más de una vez los ha ayudado. Debemos recordar que la primera audición íntima del autor de este Diccionario fué dada en su casa el 8-1-1908, o sea a los ocho días de su llegada al país, vinculándolos luego, una estrecha amistad jamás debilitada. Núñez falleció pobre y olvidado muy injustamente. La Argentina, grande dentro de su juventud, lo es gracias a hombres como el que nos ocupa, forjadores de la riqueza industrial del país. Su deceso acaeció en Buenos Aires el 22 de Junio de 1919».

Según apunta Héctor García Martínez, después de la muerte de Francisco Núñez, el negocio queda a cargo de su viuda y de Ignacio Iglesias, antiguo empleado del establecimiento. Para ese momento, la compañía ya contaba con medio siglo de existencia, un tercio de su larga vida. Hacia 1923, o posiblemente antes, Iglesias adquiere definitivamente la compañía, que recibe su nombre definitivo de “Antigua Casa Núñez”. Pocos años después, este la vende a otros dos ex-empleados del difunto Francisco Núñez: Francisco Diego y Dionisio Gracia. Con ellos comienza la segunda etapa de esplendor del establecimiento.

Francisco Diego (según datos de la obra inédita de Ricardo Muñoz “La guitarra en la Argentina” citados en el excelente libro de Héctor García Martínez y Randy Osborne “Annotations for the History of the Classical Guitar in Argentina 1822-2000”), llegó a la Argentina en 1907, y ese mismo año comenzó a trabajar en la sección de ventas de la compañía de Francisco Núñez, donde permaneció por nueve años, trabajando luego para la firma Breyer Hermanos, y después en la administración de la casa Romero y Fernández, dos establecimientos también muy importantes para la guitarra argentina, tanto como fabricantes como en calidad de importadores, sobre todo Romero y Fernández, para quien los grandes constructores españoles llegaron hasta a tener una etiqueta especial. Sería él, entonces, el responsable de la parte comercial, mientras que Dionisio Gracia se haría cargo del taller. Es por esa razón que todas las guitarras (de gama media y alta) llevan la firma de Dionisio Gracia, aunque es evidente que solo unas pocas (si es que las hubo) las puede haber construido él personalmente. No quiere decir esto que Gracia haya solo puesto una firma sobre las etiquetas: más bien al contrario. Bajo su dirección y con el trabajo de entre treinta y cuarenta operarios, en la fábrica de la Antigua Casa Núñez se produjeron muchos nuevos modelos, utilizando nuevos materiales, e innovando en técnicas constructivas.

Aquí podemos leer sobre el estreno del nuevo modelo “Sinfonía” (un clásico de la Casa Núñez) con dos barras que atraviesan la caja armónica de punta a punta en la dirección de las cuerdas. Según Ricardo Muñoz, Gracia patentó esta innovación en 1927.

También entre las innovaciones está el uso de variados materiales para la confección de los aros y el fondo, incluidas maderas completamente desconocidas y probablemente de menor calidad en los modelos más modestos, y, más sorprendentemente, el uso del plástico para la construcción de aros y fondo en una sola pieza moldeada. Según Muñoz, para 1938 ya se habían fabricado unas tres mil guitarras con caja de plástico.

En la década de 1950, el plástico es sustituido por aluminio. He tenido la oportunidad de probar varias guitarras de esta confección que me sorprendieron por su calidad de sonido. También guardo especial afecto por ellas desde que me enteré de que las grabaciones más famosas de Eduardo Falú (antes de adquirir su tan recordada guitarra Fleta) fueron realizadas con una de estas guitarras.

Aunque muchas de las “Casa Núñez” del período de Dionisio Gracia presentan materiales muy poco ortodoxos en los aros y fondo, hay que decir que para las tapas armónicas siempre utilizó pino abeto de la más alta calidad, incluso en los modelos más baratos, algo que no fuera, por ejemplo, característica en el período inicial de Francisco Núñez, que solo utilizaba el material de mayor calidad para los modelos de la gama alta. De hecho, en los modelos de gama más alta se ven a veces tapas de alerce, un tipo de pino de color rojizo que crece en el sur de la Argentina y Chile. Esta innovación es anterior a la introducción del cedro como material para la tapa armónica que efectuara José Ramírez III en Madrid en la década de 1960.

En 1960 presentó un último modelo en el que la tapa armónica estaba reforzada por treinta y tres barras que, tomando como centro radial la boca de la guitarra, imitaban los rayos del sol a lo largo de toda la extensión de la tapa.

De esa época inicial del taller a cargo de Dionisio Gracia también sale la guitarra de Atahualpa Yupanqui. O, al menos, una de ellas. Lo podemos encontrar en videos y fotos con varios modelos de Casa Núñez, incluida una guitarra con tapa de alerce, además de con guitarras del mencionado Daniel Lago Núñez; también ocasionalmente con guitarras japonesas y, muy al final de su carrera, con una Contreras.

A propósito de su “Casa Núñez”, Atahualpa dice esto en una entrevista que le hiciera el mismísimo Alfredo Zitarrosa en 1966: «Esa ha caminao mucho conmigo por todos lados. Me la hicieron acá en la Casa Núñez. A mí me rompieron una guitarra viniendo de Montevideo. En los tiempos que yo estaba prohibido acá, me ganaba la vida en el Uruguay. Iba al Uruguay, cantaba y volvía acá, con mis chirolitas. Y en una de esas, en la aduana me la hicieron pedazos a patadas. Sí, me la pisaron, la sacaron del estuche, la hicieron pedazos y la cerraron. La Casa Núñez me hizo con el resto, con algunos restitos que quedaron, del mástil, por ejemplo, me hicieron esta guitarra. Salió bastante simpática de sonido, seria, media gravecita, me gusta y la uso».

Entre las innovaciones menos felices, a mi criterio, se encuentra la del puente de plástico, una verdadera locura, teniendo en cuenta la importancia que esta parte de la guitarra (la primera en entrar en contacto con la vibración de las cuerdas) reviste para el instrumento. Notablemente, se lo encuentra a veces hasta en los modelos más caros de su época, como en algunas guitarras modelo “Exposición” de la década de 1960 y posteriores.

Sería imposible resumir la cantidad de modelos diferentes que realizó la Antigua Casa Núñez en el período en que el taller estaba dominado por Dionisio Gracia (que se extiende casi hasta la década de 1980), así que nuevamente aporto algunos datos de mi propia recolección:

En las décadas de 1920, 1930 y 1940 todavía vemos algunas guitarras de gama baja con la plantilla pequeña y tiro más corto característicos de los años anteriores. Más tarde, habría una guitarra más pequeña, generalmente llamada “modelo señorita”. También, entre las guitarras de mayor calidad (sobre todo las que se hicieron en las décadas de 1920 y 1930, pero también en algunas posteriores) observamos copias muy bien realizadas de modelos de Joaquín García o Francisco Simplicio. Cabe siempre preguntarse quienes realizaron esas guitarras, hechas con una fineza equivalente a su contraparte española. Esa calidad de construcción no se aprende (ni se abandona) del día a la noche y tienen que haberlas realizado algunos de los excelentes constructores que habitaban la Buenos Aires de esa época. Como decía al principio de este artículo, la precisa datación y autoría de algunos instrumentos de la Casa Núñez no siempre (o casi nunca, de hecho) es fácil. Pero, por ejemplo, es muy llamativo el parecido de esta guitarra con etiqueta de Casa Núñez de 1939, vendida a través del sitio guitarreria.com y su correspondiente firma de Diego y Gracia con muchas de las guitarras de Daniel Lago Núñez. Algunas características inconfundibles: la forma de la cabeza y la talla sobre ella, la forma del taco (grueso y redonedado, imitando las guitarras de Francisco Simplicio), el puente con incrustaciones de nácar y tres líneas cortando en el centro (también imitación de Simplicio).

A partir de la década de 1940 se empiezan a ver “reediciones” de modelos antiguos, como la entrañable boca de estrella, y, en la gama más alta, dominan los modelos más experimentales de Dionisio Gracia.

En las décadas de 1950 y 1960 muchos cambios en la sociedad se ven reflejados en el negocio de la Antigua Casa Núñez: el “boom” del folclore argentino, que provoca la formación de un sinfín de conjuntos en donde la guitarra es un instrumento acompañante, generalmente rasgueado, precisa de guitarras de volumen fuerte y composición sólida que puedan usarse mayormente para rasguear, sin necesidad de producir un sonido de mucha sutileza, y seguramente también de buena apariencia para lucir en las tapas de discos, en las revistas y diarios y en la incipiente televisión. La Casa Núñez supo responder con varios de sus modelos de gama media e incluso con los de la gama más baja, que aún hoy nos sorprenden por la calidez de su sonido.

Por otro lado, la Europa que se levanta después de la guerra retoma su protagonismo en la escena de la guitarra clásica, y la época de los grandes guitarristas y maestros de Buenos Aires se termina. También la de las academias con un número masivo de estudiantes, lo cual hace bajar la demanda de guitarras de gama alta, que, además, perfectamente podían suplir los constructores artesanos ya afincados en Buenos Aires y sus alrededores: los Velasco, Galán, Pascual, Lago Núñez, aún en actividad y muchos otros, entre los que se van sumando también constructores argentinos que aprenden el oficio de manera autodidacta. También son las décadas que ven la aparición de otros talleres de construcción de guitarras en serie, como los Fernández Hermanos, los Carracedo, Martínez y Presa y, especialmente, el taller de Gamaliel Yacopi y su hijo, el célebre José. Los Yacopi conocían muy bien la escuela artesana catalana y supieron construir guitarras de altísima calidad, pero es José el que además de eso funda un taller del que salían unas mil quinientas guitarras al año durante al menos tres décadas. Entiendo que es en este punto en donde comienza la declinación de la Casa Núñez con respecto al dominio absoluto sobre el mercado de la guitarra. También a fines de la década de 1960 comienza la cultura del rock en Argentina, que paulatinamente iría dejando en un rincón a la guitarra española para cambiarla por la eléctrica.

Sin embargo, también es la época en la que cada casa (pobre o rica) tenía una guitarra, y en donde todo el mundo tocaba al menos algunos acordes de una zamba. Para muchos, la Antigua Casa Núñez es el sinónimo de su primera guitarra, como para esta niña, Patricia Astarita, aquí tocando su Casa Núñez adquirida por su padre en la década de 1960. Un par de décadas después, daría a luz al autor de esta nota. Y también él tocaría sus primeros acordes en esa misma guitarra.

En la década de 1970, fallece Francisco Diego, y hereda su parte de la compañía su hijo Oscar. Ya a finales de esa década, y sobre todo en la siguiente, decae bastante la calidad de los instrumentos que salen de su taller. Dionisio Gracia continuó gestionando la compañía casi hasta su muerte en 1986 o 1987. En los últimos años estuvo casi retirado y dejó la administración a sus hijos Arístides Gracia y Lila Gracia de Rossinyol. Más tarde Lila vendería su parte y dejaría a cargo a su hijo, Santiago Rossinyol. Hacia el principio de la siguiente década, Oscar Diego y Santiago Rossinyol vendieron sus partes a la empresa Data-Music, la que manejó la tienda hasta su cierre definitivo. La familia Gracia, mientras tanto, continuó con la fabricación de guitarras (que también se vendían en la propia Antigua Casa Núñez) bajo el nombre de “Guitarras Gracia”. Según apunta el sitio web de la compañía: «Localizada en la zona sur del Gran Buenos Aires, la Antigua Fábrica de Guitarras es una gran planta donde se producen las guitarras Gracia, con una receta que combina lo industrial con la tradición de lo artesanal. La fábrica original existe desde 1870 y desde 1950 está en su lugar actual. Con la marca Gracia, estas guitarras salen al mercado nacional desde 1994, ya que anteriormente solamente se exportaban. El origen de la marca lo dio Don Dionisio Gracia, al que le siguió su hijo Arístides. A éste le sucedió Don Jorge Italiano, quien comenzó trabajando hace 35 años en Antigua Casa Nuñez, y a él sus tres hijos, actuales responsables de la empresa».

Un detalle más que me llama la atención (o más bien la falta de él) es que en todo el diccionario de Prat no pude encontrar ni una mención a Dionisio Gracia, algo llamativo si se tiene en cuenta la importancia de la Casa Núñez hacia el año de publicación del Diccionario, que, además, muestra una erudición verdaderamente asombrosa y un trabajo muy minucioso de parte de su autor. Otros constructores contemporáneos como Velasco, Galán o Lago Núñez están debidamente biografiados en el Diccionario. La omisión tiene que haber sido adrede, y, acerca de cuál sería la razón, solo puedo elaborar especulaciones.

En su última etapa, la Casa Núñez fue, sobre todo, una tienda, en la que se podían comprar todos los insumos que pudiera necesitar un guitarrista, y algunas guitarras de variada calidad. No solo las que producía el taller de Gracia, sino también algunas importadas de muy buena calidad, como por ejemplo las Esteve que (si la memoria no me falla) la propia Casa Núñez introdujo al mercado argentino, en tanto que las guitarras de baja gama se producían mayormente en Gracia, pero probablemente algunas de ellas fueran importadas de China. Para el comienzo del presente siglo, era más barato comprar un contenedor completo de guitarras hechas en China que producir una decena de guitarras de la misma calidad.

Hablar de esa última época es también recordar a Santiago, el empleado histórico de la Casa Núñez que dominaba el taller (mayormente dedicado a las reparaciones) y la venta de guitarras. Tras su muerte, sucedida ya hace varios años, el negocio declinó muy rápidamente y no sorprende que el contexto actual argentino, de aguda crisis económica, haya dado la estocada final.

Se cierra con las puertas de la Casa Núñez el último retazo de una época en que nuestro país supo albergar y producir lo más importante de la guitarra a nivel mundial. Dios sabrá que pasará con ese edificio y esos mobiliarios en los que posaron sus manos Segovia, Yupanqui, Gardel, María Luisa Anido, Cacho Tirao, los Saravia, y una lista interminable de nombres, desde los más importantes hasta el niño que, con ojos humedecidos, podía ver como su padre le traía su primera guitarra, a la que quizá dejó guardada en un rincón. También los nombres de mis maestros, los de mis padres y abuelos, y hasta -ocasionalmente- yo mismo, al igual que todos mis colegas.

Ojalá algún día se pueda reconocer la importancia cultural de esa institución, y el trabajo pionero de Francisco Núñez como fino constructor, hábil industrialista, y generoso personaje que ayudó a dar impulso a la guitarra para que fuera en la Argentina lo que todavía es: el símbolo mismo de nuestra amplísima cultura musical. Él habrá muerto “pobre y olvidado”, como lo cuenta Prat, pero lo cierto es que sus semillas crecieron en un árbol gigante que vivió durante un siglo y medio. ¡No lo olvidemos!

Seguramente muchos lectores pasarán por aquí compartiendo mi mismo sentido de nostalgia y tristeza por esta noticia. Me encantaría que los que han tenido una guitarra “Casa Núñez” o tengan historias sobre la compañía las dejen en la sección de comentarios a modo de homenaje a los ciento cincuenta años de la institución que fundó Francisco Núñez.

 

*https://alejodelosreyes.com/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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