Acto por el 28 aniversario del atentado a la AMIA

 

 

 

 

 

El acto central en conmemoración del atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), se inició pasadas las 9.47 frente al edificio de la calle Pasteur 633, en el barrio de Once. El mismo volvió a ser presencial luego de haber adoptado la modalidad remota durante dos años a raíz de la pandemia por coronavirus. A las 9.53, hora exacta en que el coche bomba explotó contra la sede de la mutual judía, se escuchó el sonido de la sirena, y luego se leyeron los 85 nombres de las personas que murieron en el ataque contra la mutual de la comunidad judía en 1994. Compartimos el discurso de la agrupación Memoria Activa.

 

 

 

Un año más y el 18 de julio sigue siendo un día imposible. Es un agujero en el calendario. Como si no solo hubieran volado la AMIA, sino que también, con ella, el tiempo se hubiera estrellado.

 

Hoy es un día imposible porque, aun cuando parece cada vez más lejano, se nos sigue cortando la respiración, nos seguimos quedando sin voz y no podemos más que sentir la angustia frente a tanto sinsentido. El asesinato de nuestros familiares y amigos dejó un vacío insoportable y nos duelen sus ausencias día tras día, año tras año. 28 años después nos sigue doliendo ese abrazo que fue el último, esa última noche, ese último encuentro, esa despedida. No hay tiempo posible que pueda reparar el dolor de la masacre indiscriminada.

 

Pero también el sinsentido de la ausencia de respuestas. Hace 28 años nos comprometimos con la Verdad y la Justicia. Jamás imaginamos que esa búsqueda iba a ser el camino de nuestra vida.

 

El 18 de julio es un día imposible porque es el recordatorio más terrible de que no sabemos nada, de que solo tenemos preguntas y la certeza de que se ha hecho todo lo contrario a lo que había que hacer para encontrar a los responsables del asesinato de nuestros familiares y amigos.

 

El 18 de julio es imposible porque nos reencontramos con la miseria de los que mataron y la perversidad de los que encubrieron.

 

Esta plaza fue y es testigo de nuestra lucha. Frente al vacío inevitable, nos juntamos acá, con o sin escenario, con o sin micrófono, con frío, lluvia, calor, con algo para decir o simplemente un silencio para compartir, y transformamos esta plaza en la Plaza de la Memoria.

 

Teníamos la historia de otras plazas que se llenaron para denunciar otras injusticias y, cuando nos dimos cuenta de las maniobras que se estaban realizando para bastardear la causa judicial, entendimos que estaban buscando malversar la investigación para cerrar la causa y que teníamos que denunciarlo. E hicimos de esta Plaza lo que muy pocos quisieron que ocurriera y que a muchos les molestó y les molesta: el espacio donde nos juntamos a denunciar a todos los que desviaron la investigación, a los encubridores, a los poderosos de turno que nunca se preocuparon por hacer lo que tenían que hacer, a jueces, fiscales, ex ministros, presidentes, miembros de la dirigencia comunitaria judía, agentes de inteligencia, integrantes de la Policía. En esta Plaza denunciamos a todos ellos, con nombre y apellido, frente al símbolo más nefasto del funcionamiento de la justicia argentina, el Palacio de la Impunidad que se levanta a mis espaldas.

 

Por eso, volver acá después de dos años, no es volver a denunciar las maniobras inescrupulosas de la investigación (porque eso nunca dejamos de hacerlo). Es una forma de volver a las mismas baldosas que fueron y son testigo de nuestra lucha. Hicimos de esta Plaza la lucha que permitió que la causa AMIA no se cerrara.

 

Es cierto: hoy, 28 años después del Atentado a la AMIA, seguimos sin saber quiénes son los responsables del asesinato de nuestros familiares y amigos, pero si la causa sigue abierta es porque esta Plaza sigue gritando. La historia de la investigación del Atentado es la historia del intento fallido de cerrar la causa. Gracias a esta Plaza ellos siguen fallando en su cometido. Por eso, volver acá, a estos árboles, a estas calles, a rodearse de conocidos, es un gesto que no deja de ser reconfortante.

 

Y si hoy seguimos sin conocer a los responsables del asesinato de nuestros familiares y amigos es porque el aparato estatal que dio lugar al encubrimiento no ha sido desarticulado. No hubo simples errores en la investigación o no se trató de algunos inexpertos que no supieron investigar: hubo una política de Estado destinada a encubrir a los responsables del Atentado a la AMIA en la que participaron de forma mancomunada los distintos sectores del poder político y judicial de Argentina. Y la vergüenza del Estado argentino y de los sucesivos gobiernos de tantos años, es no haber ni tocado ni desarmado ni desarticulado el engranaje político-judicial que es responsable del fracaso más grande de la historia judicial argentina.

 

Cuando decimos que el engranaje de encubrimiento no está desarticulado lo vemos en el propio funcionamiento de la UFI AMIA. Esta Unidad Fiscal, que debería tener como única función la investigación del Atentado, no ha producido ninguna prueba en los últimos años. Los fiscales a cargo, Sebastián Basso y Gonzalo Mirando, dirigen una fiscalía fantasma que maneja un presupuesto millonario para no investigar nada. Fiscales que no investigan, fiscales que no acusan. Es claro que estos fiscales fueron designados para no investigar y a eso se han dedicado.

 

Y no se trata de una mera hipótesis nuestra que carece de fundamento. El accionar de la fiscalía durante el último año demuestra los malintencionados objetivos de estos fiscales. En septiembre del año pasado, la fiscalía pidió sobreseer al principal sospechoso de la pista “siria” de investigación, un allegado a la familia Menem que fue beneficiado por las maniobras de encubrimiento operadas desde el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial. ¿Cuál fue el argumento de los fiscales para pedir el sobreseimiento? El pedido de sobreseimiento se funda en, según ellos, una “extensa y exhaustiva investigación” que impide seguir sosteniendo la acusación. Resulta cuanto menos llamativo que la fiscalía se refiera a una exhaustiva investigación cuando el estado de situación de la propia UFI AMIA imposibilita llegar a esa conclusión. Hasta el día de hoy, en la propia fiscalía se acumulan cajas enteras de material no desclasificado ni investigado. Venimos denunciado hace años la existencia de material no desclasificado, situación que no se revierte y solo atenta contra el esclarecimiento de la causa. Pero a esta altura es claro: existe una política de abandono del material de investigación y es claro que no hay política de desclasificación de archivos porque no les interesa la verdad, pretenden instalar la idea de que el encubrimiento nunca existió y solo se dedican a pedir sobreseimientos sin sustento jurídico para conseguir lo que siempre se quiso: cerrar la causa AMIA.

 

Volvemos a solicitar lo que le ya pedimos en reiteradas oportunidades: exigimos la remoción de los fiscales Sebastian Basso y Gonzalo Mirando, a cargo de la Unidad Fiscal AMIA. Exigimos una fiscalía que deje de trabajar para darle continuidad a la impunidad.

 

El estado actual de la causa por el encubrimiento del Atentado a la AMIA es otra demostración de que el engranaje de encubrimiento sigue intacto. En febrero de 2019, el Tribunal Oral Federal N°2, quien se encargó de realizar el juicio por el encubrimiento de la investigación, dictó una sentencia acomodada y política, en la que absolvieron a unos y condenaron con penas superfluas a otros. Después de tres años y medio de audiencias, pese a que quedó demostrado el escándalo en la investigación del Atentado a la AMIA, en maniobras de encubrimiento que involucraron desde las más altas esferas del Poder Ejecutivo y Judicial hasta miembros de los Servicios de Inteligencia y de la dirigencia comunitaria judía, quedó visible que la justicia no puede juzgarse seriamente a sí misma. Las bajas penas y las burdas absoluciones demuestran que los jueces de Comodoro Py están más preocupados por defender a los miembros de su corporación judicial antes que por esclarecer la causa AMIA. Desde Memoria Activa apelamos la sentencia y, hasta el día de hoy, no hay ningún tipo de respuesta. El retardo de justicia ya no es la excepción en el sistema judicial argentino. La lentitud de la justicia no es inocente, es perversa. Exigimos a la Cámara de Casación Federal una resolución inmediata y esperamos que la gran familia judicial deje de preocuparse por sus negocios espurios y dicte sentencia justa y ejemplar para los encubridores del mayor Atentado que ha sufrido la historia argentina.

 

Mientras tanto el pasado 17 de mayo, después de 10 años de inacción, el Juez Ramos resolvió, realizando un análisis superficial, sesgado y descontextualizado, la situación procesal de los ex secretarios del juzgado de Galeano: el actual juez en Tierra del Fuego Javier De Gamas, Susana Spina, José Pereyra y Carlos Velazco (¿se acuerdan? El que quemó en su parrilla los videos de Galeano). Ramos los procesa por desviaciones menores en la investigación, o sea, sobreseimientos encubiertos. Nuevamente, estamos frente al accionar prototípico de la justicia argentina en la causa AMIA: lentitud, fallos que carecen de fundamentos jurídicos, incapacidad de la justicia de juzgarse a sí misma y garantías para los encubridores del Atentado más grande de la historia argentina.

 

Apelamos este nuevo fallo injusto porque no nos resignamos a la impunidad con la que nos desafía descaradamente, desde siempre, la Justicia Federal de Comodoro Py. Y por cierto, dónde estaba la Fiscalía AMIA en esta discusión sobre los secretarios de Galeano: ausente.

 

Hace 25 años iniciamos una demanda contra el Estado Argentino ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA por la violación del derecho a la vida, por habernos negado nuestro derecho a la justicia y por haber impedido y continuar impidiendo saber qué pasó el 18 de julio de 1994. Actualmente, estamos llegando al fin de una etapa, estamos a la espera de una audiencia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos que dictará los pasos que deberá seguir el Estado Argentino, para hacer frente a su responsabilidad.

 

Y mientras la causa judicial está de hecho paralizada, sigue dando lástima el papel lamentable que realiza año a año la dirigencia comunitaria judía. La política de la AMIA y la DAIA sigue estando muy cerca de sus intereses personales y la perpetuación de la impunidad y muy lejos de la búsqueda de justicia. Incluso los nombres que transitan las instituciones siguen siendo los mismos, las mismas personas recorriendo los mismos pasillos. Por eso, no nos separan tan solo 15 cuadras, estamos a años luz del encubrimiento del cual siempre fueron cómplices. A esta misma hora, están realizando un acto que siguen llamando “Acto Central”, arrogándose una representatividad que no tienen y una centralidad que a esta altura es muy difícil de creer. Pero más perverso aún es que uno de los slogans que su agencia de publicidad elaboró para convocar a su acto haya sido “La memoria no se vende”. Su papel ya no solo es trágico, es siniestro: que la dirigencia comunitaria judía nos venga a dar lecciones sobre cómo hacer memoria, cuando participaron del encubrimiento y tuvieron conocimiento precisamente de la “compra-venta” de testimonios, es de las perversidades discursivas más alevosas de los últimos meses. No alcanza con hacer campañas de marketing, inundar las redes sociales y llenar de afiches las estaciones de subte para fingir preocupación por la falta de justicia. Lo que se necesita es no vender la verdad, no ser cómplices del saqueo de la causa y no tomar a la justicia como una moneda de cambio por intereses espurios. Lamentable el papel que han hecho y el circo que siguen montando.

 

También es vergonzoso que nos hayamos enterado por los medios de comunicación de la existencia de un proyecto para la realización de un memorial sobre el Río de la Plata. La propuesta se gestó en silencio y de forma privada entre el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y las autoridades de la AMIA, sin haber convocado a los familiares para ser parte de la misma. No nos extraña. La historia se vuelve a repetir: los familiares excluidos, que es la forma que tienen para silenciar nuestra voz. ¿Cuál va a ser la historia que van a contar los que formaron parte del encubrimiento del Atentado? Si algo le faltaba a toda esta farsa es el protagonismo de las instituciones que conocieron las maniobras espurias durante la investigación en la construcción de un memorial. ¿Encubridores haciendo memoria? Nada serio podemos esperar de eso.

 

Mientras tanto muchos habrán notado que no está en la plaza el monumento de Memoria Activa.  Lamentablemente, producto de la falta de interés y de cuidados que requería, ha sido prácticamente destruido. Esperamos que la reparación sea rápida y su posterior cuidado, permanente.

 

¿Qué nos deja un año más? Finalmente, no solo miseria. Después de dos años de pandemia, hoy estamos en la Plaza. Pese a la impunidad endémica que nos acompaña desde el 18 de julio de 1994, pudimos construir este espacio también para abrazarnos,  quizás el único lugar donde podemos sentir un poco de calor en este frío imposible de julio.

 

Esta es nuestra barricada histórica. Estamos acá, los que la vida nos puso en el mismo escenario, pero también con quienes elegimos seguir estando. Acá decidimos jamás arrodillarnos ante los poderes de turno y acá nos comprometimos con nuestro único horizonte: justicia por nuestros muertos y luchar por una sociedad más digna, más vivible, más acorde con nuestros deseos. Estamos lejos de lo que buscamos, pero estamos convencidos del camino que transitamos, con la certeza de que la historia se escribe con cada uno de nuestros pasos, quedando marcado quién soñó una sociedad más justa y quién transformó nuestra realidad en una pesadilla. Volvimos a nuestro refugio histórico frente a la monstruosidad que se levanta a mis espaldas. Nuestro espacio de encuentro, de abrazos, de recuerdo insistente, de dolor y de lucha. Pero sobre todo de repetición.

 

Justicia justicia. No necesitamos cambiar nuestro lema. No necesitamos un slogan más moderno. Venimos acá a repetir lo que repetimos todos los años: justicia justicia. Y lo decimos dos veces, de manera insistente, porque lo que importa no es la gramática sino que golpee.

 

Justicia justicia. No hay necesidad de adaptarse a ninguna moda. El mismo lema, repetido, duplicado. Como un martillo que golpea y que, algún día, al menos esa es nuestra esperanza, va a tirar abajo las columnas de los que viven tranquilos en el Palacio de los Injustos.

 

La historia de estos últimos 28 años es triste. Pero también es la historia de los que nos mantuvimos y nos mantenemos de pie repitiendo lo único que había que repetir. Justicia, justicia. Seguir acá es nuestra victoria. Resistimos cuando nos quisieron vencidos. Nuestra persistencia es el fracaso de los que quisieron destripar la causa AMIA. Y por ahí vamos a seguir. Este es el lugar donde nos paramos en la vida.

 

Justicia justicia. No hay nada más que decir. Por Andrés, por Noemí, por Agustín, por Norma, por los 85 asesinados,   por los cientos de heridos  y por todas las víctimas que dejó el atentado a la AMIA. Justicia justicia perseguirás, justicia justicia perseguiremos.

 

Un año más y el 18 de julio sigue siendo un día imposible. Es un agujero en el calendario. Como si no solo hubieran volado la AMIA, sino que también, con ella, el tiempo se hubiera estrellado.

 

Hoy es un día imposible porque, aun cuando parece cada vez más lejano, se nos sigue cortando la respiración, nos seguimos quedando sin voz y no podemos más que sentir la angustia frente a tanto sinsentido. El asesinato de nuestros familiares y amigos dejó un vacío insoportable y nos duelen sus ausencias día tras día, año tras año. 28 años después nos sigue doliendo ese abrazo que fue el último, esa última noche, ese último encuentro, esa despedida. No hay tiempo posible que pueda reparar el dolor de la masacre indiscriminada.

 

Pero también el sinsentido de la ausencia de respuestas. Hace 28 años nos comprometimos con la Verdad y la Justicia. Jamás imaginamos que esa búsqueda iba a ser el camino de nuestra vida.

 

El 18 de julio es un día imposible porque es el recordatorio más terrible de que no sabemos nada, de que solo tenemos preguntas y la certeza de que se ha hecho todo lo contrario a lo que había que hacer para encontrar a los responsables del asesinato de nuestros familiares y amigos.

 

El 18 de julio es imposible porque nos reencontramos con la miseria de los que mataron y la perversidad de los que encubrieron.

 

Esta plaza fue y es testigo de nuestra lucha. Frente al vacío inevitable, nos juntamos acá, con o sin escenario, con o sin micrófono, con frío, lluvia, calor, con algo para decir o simplemente un silencio para compartir, y transformamos esta plaza en la Plaza de la Memoria.

 

Teníamos la historia de otras plazas que se llenaron para denunciar otras injusticias y, cuando nos dimos cuenta de las maniobras que se estaban realizando para bastardear la causa judicial, entendimos que estaban buscando malversar la investigación para cerrar la causa y que teníamos que denunciarlo. E hicimos de esta Plaza lo que muy pocos quisieron que ocurriera y que a muchos les molestó y les molesta: el espacio donde nos juntamos a denunciar a todos los que desviaron la investigación, a los encubridores, a los poderosos de turno que nunca se preocuparon por hacer lo que tenían que hacer, a jueces, fiscales, ex ministros, presidentes, miembros de la dirigencia comunitaria judía, agentes de inteligencia, integrantes de la Policía. En esta Plaza denunciamos a todos ellos, con nombre y apellido, frente al símbolo más nefasto del funcionamiento de la justicia argentina, el Palacio de la Impunidad que se levanta a mis espaldas.

 

Por eso, volver acá después de dos años, no es volver a denunciar las maniobras inescrupulosas de la investigación (porque eso nunca dejamos de hacerlo). Es una forma de volver a las mismas baldosas que fueron y son testigo de nuestra lucha. Hicimos de esta Plaza la lucha que permitió que la causa AMIA no se cerrara.

 

Es cierto: hoy, 28 años después del Atentado a la AMIA, seguimos sin saber quiénes son los responsables del asesinato de nuestros familiares y amigos, pero si la causa sigue abierta es porque esta Plaza sigue gritando. La historia de la investigación del Atentado es la historia del intento fallido de cerrar la causa. Gracias a esta Plaza ellos siguen fallando en su cometido. Por eso, volver acá, a estos árboles, a estas calles, a rodearse de conocidos, es un gesto que no deja de ser reconfortante.

 

Y si hoy seguimos sin conocer a los responsables del asesinato de nuestros familiares y amigos es porque el aparato estatal que dio lugar al encubrimiento no ha sido desarticulado. No hubo simples errores en la investigación o no se trató de algunos inexpertos que no supieron investigar: hubo una política de Estado destinada a encubrir a los responsables del Atentado a la AMIA en la que participaron de forma mancomunada los distintos sectores del poder político y judicial de Argentina. Y la vergüenza del Estado argentino y de los sucesivos gobiernos de tantos años, es no haber ni tocado ni desarmado ni desarticulado el engranaje político-judicial que es responsable del fracaso más grande de la historia judicial argentina.

 

Cuando decimos que el engranaje de encubrimiento no está desarticulado lo vemos en el propio funcionamiento de la UFI AMIA. Esta Unidad Fiscal, que debería tener como única función la investigación del Atentado, no ha producido ninguna prueba en los últimos años. Los fiscales a cargo, Sebastián Basso y Gonzalo Mirando, dirigen una fiscalía fantasma que maneja un presupuesto millonario para no investigar nada. Fiscales que no investigan, fiscales que no acusan. Es claro que estos fiscales fueron designados para no investigar y a eso se han dedicado.

 

Y no se trata de una mera hipótesis nuestra que carece de fundamento. El accionar de la fiscalía durante el último año demuestra los malintencionados objetivos de estos fiscales. En septiembre del año pasado, la fiscalía pidió sobreseer al principal sospechoso de la pista “siria” de investigación, un allegado a la familia Menem que fue beneficiado por las maniobras de encubrimiento operadas desde el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial. ¿Cuál fue el argumento de los fiscales para pedir el sobreseimiento? El pedido de sobreseimiento se funda en, según ellos, una “extensa y exhaustiva investigación” que impide seguir sosteniendo la acusación. Resulta cuanto menos llamativo que la fiscalía se refiera a una exhaustiva investigación cuando el estado de situación de la propia UFI AMIA imposibilita llegar a esa conclusión. Hasta el día de hoy, en la propia fiscalía se acumulan cajas enteras de material no desclasificado ni investigado. Venimos denunciado hace años la existencia de material no desclasificado, situación que no se revierte y solo atenta contra el esclarecimiento de la causa. Pero a esta altura es claro: existe una política de abandono del material de investigación y es claro que no hay política de desclasificación de archivos porque no les interesa la verdad, pretenden instalar la idea de que el encubrimiento nunca existió y solo se dedican a pedir sobreseimientos sin sustento jurídico para conseguir lo que siempre se quiso: cerrar la causa AMIA.

 

Volvemos a solicitar lo que le ya pedimos en reiteradas oportunidades: exigimos la remoción de los fiscales Sebastian Basso y Gonzalo Mirando, a cargo de la Unidad Fiscal AMIA. Exigimos una fiscalía que deje de trabajar para darle continuidad a la impunidad.

 

El estado actual de la causa por el encubrimiento del Atentado a la AMIA es otra demostración de que el engranaje de encubrimiento sigue intacto. En febrero de 2019, el Tribunal Oral Federal N°2, quien se encargó de realizar el juicio por el encubrimiento de la investigación, dictó una sentencia acomodada y política, en la que absolvieron a unos y condenaron con penas superfluas a otros. Después de tres años y medio de audiencias, pese a que quedó demostrado el escándalo en la investigación del Atentado a la AMIA, en maniobras de encubrimiento que involucraron desde las más altas esferas del Poder Ejecutivo y Judicial hasta miembros de los Servicios de Inteligencia y de la dirigencia comunitaria judía, quedó visible que la justicia no puede juzgarse seriamente a sí misma. Las bajas penas y las burdas absoluciones demuestran que los jueces de Comodoro Py están más preocupados por defender a los miembros de su corporación judicial antes que por esclarecer la causa AMIA. Desde Memoria Activa apelamos la sentencia y, hasta el día de hoy, no hay ningún tipo de respuesta. El retardo de justicia ya no es la excepción en el sistema judicial argentino. La lentitud de la justicia no es inocente, es perversa. Exigimos a la Cámara de Casación Federal una resolución inmediata y esperamos que la gran familia judicial deje de preocuparse por sus negocios espurios y dicte sentencia justa y ejemplar para los encubridores del mayor Atentado que ha sufrido la historia argentina.

 

Mientras tanto el pasado 17 de mayo, después de 10 años de inacción, el Juez Ramos resolvió, realizando un análisis superficial, sesgado y descontextualizado, la situación procesal de los ex secretarios del juzgado de Galeano: el actual juez en Tierra del Fuego Javier De Gamas, Susana Spina, José Pereyra y Carlos Velazco (¿se acuerdan? El que quemó en su parrilla los videos de Galeano). Ramos los procesa por desviaciones menores en la investigación, o sea, sobreseimientos encubiertos. Nuevamente, estamos frente al accionar prototípico de la justicia argentina en la causa AMIA: lentitud, fallos que carecen de fundamentos jurídicos, incapacidad de la justicia de juzgarse a sí misma y garantías para los encubridores del Atentado más grande de la historia argentina.

 

Apelamos este nuevo fallo injusto porque no nos resignamos a la impunidad con la que nos desafía descaradamente, desde siempre, la Justicia Federal de Comodoro Py. Y por cierto, dónde estaba la Fiscalía AMIA en esta discusión sobre los secretarios de Galeano: ausente.

 

Hace 25 años iniciamos una demanda contra el Estado Argentino ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA por la violación del derecho a la vida, por habernos negado nuestro derecho a la justicia y por haber impedido y continuar impidiendo saber qué pasó el 18 de julio de 1994. Actualmente, estamos llegando al fin de una etapa, estamos a la espera de una audiencia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos que dictará los pasos que deberá seguir el Estado Argentino, para hacer frente a su responsabilidad.

 

Y mientras la causa judicial está de hecho paralizada, sigue dando lástima el papel lamentable que realiza año a año la dirigencia comunitaria judía. La política de la AMIA y la DAIA sigue estando muy cerca de sus intereses personales y la perpetuación de la impunidad y muy lejos de la búsqueda de justicia. Incluso los nombres que transitan las instituciones siguen siendo los mismos, las mismas personas recorriendo los mismos pasillos. Por eso, no nos separan tan solo 15 cuadras, estamos a años luz del encubrimiento del cual siempre fueron cómplices. A esta misma hora, están realizando un acto que siguen llamando “Acto Central”, arrogándose una representatividad que no tienen y una centralidad que a esta altura es muy difícil de creer. Pero más perverso aún es que uno de los slogans que su agencia de publicidad elaboró para convocar a su acto haya sido “La memoria no se vende”. Su papel ya no solo es trágico, es siniestro: que la dirigencia comunitaria judía nos venga a dar lecciones sobre cómo hacer memoria, cuando participaron del encubrimiento y tuvieron conocimiento precisamente de la “compra-venta” de testimonios, es de las perversidades discursivas más alevosas de los últimos meses. No alcanza con hacer campañas de marketing, inundar las redes sociales y llenar de afiches las estaciones de subte para fingir preocupación por la falta de justicia. Lo que se necesita es no vender la verdad, no ser cómplices del saqueo de la causa y no tomar a la justicia como una moneda de cambio por intereses espurios. Lamentable el papel que han hecho y el circo que siguen montando.

 

También es vergonzoso que nos hayamos enterado por los medios de comunicación de la existencia de un proyecto para la realización de un memorial sobre el Río de la Plata. La propuesta se gestó en silencio y de forma privada entre el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y las autoridades de la AMIA, sin haber convocado a los familiares para ser parte de la misma. No nos extraña. La historia se vuelve a repetir: los familiares excluidos, que es la forma que tienen para silenciar nuestra voz. ¿Cuál va a ser la historia que van a contar los que formaron parte del encubrimiento del Atentado? Si algo le faltaba a toda esta farsa es el protagonismo de las instituciones que conocieron las maniobras espurias durante la investigación en la construcción de un memorial. ¿Encubridores haciendo memoria? Nada serio podemos esperar de eso.

 

Mientras tanto muchos habrán notado que no está en la plaza el monumento de Memoria Activa.  Lamentablemente, producto de la falta de interés y de cuidados que requería, ha sido prácticamente destruido. Esperamos que la reparación sea rápida y su posterior cuidado, permanente.

 

¿Qué nos deja un año más? Finalmente, no solo miseria. Después de dos años de pandemia, hoy estamos en la Plaza. Pese a la impunidad endémica que nos acompaña desde el 18 de julio de 1994, pudimos construir este espacio también para abrazarnos,  quizás el único lugar donde podemos sentir un poco de calor en este frío imposible de julio.

 

Esta es nuestra barricada histórica. Estamos acá, los que la vida nos puso en el mismo escenario, pero también con quienes elegimos seguir estando. Acá decidimos jamás arrodillarnos ante los poderes de turno y acá nos comprometimos con nuestro único horizonte: justicia por nuestros muertos y luchar por una sociedad más digna, más vivible, más acorde con nuestros deseos. Estamos lejos de lo que buscamos, pero estamos convencidos del camino que transitamos, con la certeza de que la historia se escribe con cada uno de nuestros pasos, quedando marcado quién soñó una sociedad más justa y quién transformó nuestra realidad en una pesadilla. Volvimos a nuestro refugio histórico frente a la monstruosidad que se levanta a mis espaldas. Nuestro espacio de encuentro, de abrazos, de recuerdo insistente, de dolor y de lucha. Pero sobre todo de repetición.

 

Justicia justicia. No necesitamos cambiar nuestro lema. No necesitamos un slogan más moderno. Venimos acá a repetir lo que repetimos todos los años: justicia justicia. Y lo decimos dos veces, de manera insistente, porque lo que importa no es la gramática sino que golpee.

 

Justicia justicia. No hay necesidad de adaptarse a ninguna moda. El mismo lema, repetido, duplicado. Como un martillo que golpea y que, algún día, al menos esa es nuestra esperanza, va a tirar abajo las columnas de los que viven tranquilos en el Palacio de los Injustos.

La historia de estos últimos 28 años es triste. Pero también es la historia de los que nos mantuvimos y nos mantenemos de pie repitiendo lo único que había que repetir. Justicia, justicia. Seguir acá es nuestra victoria. Resistimos cuando nos quisieron vencidos. Nuestra persistencia es el fracaso de los que quisieron destripar la causa AMIA. Y por ahí vamos a seguir. Este es el lugar donde nos paramos en la vida.

 

Justicia justicia. No hay nada más que decir. Por Andrés, por Noemí, por Agustín, por Norma, por los 85 asesinados,   por los cientos de heridos  y por todas las víctimas que dejó el atentado a la AMIA. Justicia justicia perseguirás, justicia justicia perseguiremos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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