¡Ojalá! ¡¡Ojalá!! ¡¡¡Ojalá!!!

Esta columna fue publicada, en su primera versión, el viernes 6 de diciembre del año 2019 antes del sufrido Cristo. Faltaban cuatro días para juraran los nuevos gobernantes de la Argentina. Nos habían sucedido cuatro años, por muchos calificados como “pesadilla”.

 

Por Rodolfo Braceli

 

Esta columna fue publicada, en su primera versión, el viernes 6 de diciembre del año 2019 antes del sufrido Cristo. Faltaban cuatro días para juraran los nuevos gobernantes de la Argentina. Nos habían sucedido cuatro años, por muchos calificados como “pesadilla”. El caso es que, escribí:

la palabra “esperanza” anda suelta. Momento de recordarnos que la esperanza no es un milagro que cae del cielo: la esperanza es un derecho y es un deber, es un arduo trabajo terrenal. Como la tan mentada y acechada democracia.

A propósito de la ocasión propongo ahora soltar una serie de “ojalá” reflexivos. Y no lo niego ni lo disimulo: mis ojalá no son neutrales. Pienso que los que se llaman neutrales, de neutrales no tienen nada. Son peligrosamente o-por-tu-nis-tas. A los neutrales los carga la hipocresía. La hipocresía es la madre de la traiciones.

Adiós pues al careteo.  Y vayamos por nuestros anhelos cívicos:

 

Ojalá que cada día, al salir de casa, no nos dejemos el corazón olvidado. Ni la vergüenza.

Ojalá que cuando decimos “ojalá” no deleguemos en ese Dios quiera nuestras responsabilidades ciudadanas: no seamos vagos, no seamos indiferentes, no miremos para otro lado: aquí, más acá de nuestras narices, hay pobreza y hay hambre y hay analfabetismo. Y hay analfabetización, pensada y repensada.

Ojalá tengamos presente que, mientras sucede el hambre y la analfabetización, el aire de este mundo está sembrado de “misiles inteligentes” que  matan sin mirar a quién. A eso los asesinadores imperiales le llaman “efectos colaterales”.

Ojalá recuperemos el concepto de “patria grande”. Y superemos ese complejo de inferioridad que nos viene haciendo creer que por el hecho de integrarnos a la América latina dejamos de estar en el mundo.

Ojalá que, malaconsejados por los medios de des/counicación, no caigamos en la nefasta tentación del triunfalismo ni del derrotismo.

Ojalá empecemos a aprender que en la democracia se gobierna siendo gobierno y se gobierna siendo oposición. Que la democracia funciona como la respiración: es inspiración y es exhalación. Y es una pulseada sin feriados.

Ojalá que sea cierto por fin el deseo de una república con tres poderes activos e independientes. Que la Corte Suprema sea la Suprema Corte. Y no una Corte partenaire. Y no una Corte integrada por Supremos designados por alevosos decretos presidenciales.

Ojalá dejemos de postrarnos ante la OEA. La OEA, ¿acaso tiene autoridad moral para controlar nuestras instituciones? Y un detalle: ¿Quién controla a la OEA? Sin ir muy lejos, la masacre del siempre sufrido y afanado pueblo boliviano fue realizado con la anuencia y el civilizado desodorante de la OEA.

Ojalá que el FMI no venga a ayudarnos más; que no venga ni aunque lo imploremos. (Por favor, tengan piedad: FMI, dejen de ser buenos con nosotros. ¡No nos salven más!) 

Ojalá que nuestras cajas de jubilaciones sigan siendo nuestras. Y que YPF nunca más signifique Yacimientos Petrolíferos Fifados. Y que la industria argentina recupere el pulso. Y que nuestra línea aérea de bandera tenga nuestra bandera. Y que los ferrocarriles sean las arterias que nunca debieron dejar de ser. Y que uno de cada tres científicos no se vaya del país (y que sigan retornando).

Ojalá empecemos a superar el congénito vicio nacional de tener nuestros sueños dolarizados.

Ojalá que nuestra política exterior no sea cholula y pusilánime, es decir, que no nos bajemos los lienzos para entregarnos a las relaciones carnales. Además, recordémoslo, el FMI y el gran Imperio y el voraz neoliberalismo, no usan preservativos.

Ojalá estemos muy atentos para, desde la instancia democrática, no dejar que nos coman por las patas los buitres de adentro y los buitres de afuera, que hace rato se relamen sin disimulo.

Ojalá como sociedad no produzcamos jóvenes neutros, apolíticos y meramente digestivos. No debemos terminar con la política, debemos empezar con la política. La digestión no debe ser nuestra única actividad cívica.

Ojalá que aprendamos y practiquemos no sólo la tolerancia, sino el respecto por el que piensa diferente.

Ojalá que en nuestras acciones cívicas, sin deponer el natural apasionamiento, prevalezca la buena leche.

Ojalá que sigan apareciendo nietos de identidad secuestrada. Y que esto suceda sin la obstrucción del Estado. Honra y loor por nuestra Madres Abuelas, ella son nuestra luminosas parteras de la memoria.

Ojalá no caigamos en la confusión de creer que la memoria es retroceso. Recordemos: la memoria alumbra. La memoria semilla un futuro por fin diferente. La memoria es la forma más ardua del optimismo.

Ojalá sembremos democracia. Cuidémosla de los buitres de afuera y de los buitres de adentro. La democracia requiere y merece nuestro insomnio. Durmamos con un ojo abierto. Y el otro también. Recordemos: a la democracia hay demasiados que la “usan” como condón (o, si se prefiere, como preservativo.)

Ojalá asumamos que la ética empieza por casa. Y la corrupción también. (A propósito: los periodistas, no nos olvidemos de la ética de la sintaxis. Y de escribir el castellano en castellano).

Posdata: Damas y caballeros: al mundo no lo vamos cambiar, al mundo lo tenemos que hacer cada día con su cada noche. Los argentinos de este tiempo heredamos un agujero con forma de mapa. Nuestros hijos y nuestros nietos deberán pagar nuestra patética sumisión al FMI. Tengamos memoria para no seguir tropezando con la misma piedra. Con memoria venceremos a la indiferencia activa. Con memoria superaremos a la impaciencia reaccionaria. Con memoria amasaremos una democracia que merezca ser llamada democracia.

Ojalá soñemos a rajacincha. Pero que no se nos olvide: nos ha llegado el tiempo de ¡soñar haciendo!!!

    

((La primera versión de esta columna fue publicada en el diario JORNADA  de Mendoza el pasado 6 de diciembre.))

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zbraceli@gmail.com

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