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La Línea 39 cumplió 94 años: del «milagro» de los años 40 a la vanguardia tecnológica

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De unir Palermo con Constitución en 1932 a ser pionera en servicios digitales, la 39 celebra casi un siglo de historia marcada por la resistencia y la innovación.

 

Lo que hoy es un símbolo del transporte porteño comenzó como una aventura de verano. El 8 de febrero de 1932, un grupo de emprendedores puso en marcha la por entonces «Línea 32» con apenas cinco coches marca International. Hoy, a 94 años de aquel hito, la Línea 39 no solo es un nexo vital entre Barracas, Constitución, Palermo y Chacarita, sino un ejemplo de adaptación cultural y tecnológica.

Un detalle distingue a la 39 de cualquier otra línea: su numeración incompleta. Durante la década del 40, en plena lucha contra el monopolio de la Corporación de Transportes, la empresa sufrió la incautación de nueve unidades.

 

 

 

En un acto de protesta silenciosa que perdura hasta hoy, los internos 10, 12, 19, 28, 29, 33, 38, 39 y 49 nunca fueron repuestos. Son los «ausentes» que recuerdan la época de las Líneas de Tenencia, cuando la 39 logró sobrevivir a la expropiación gracias a un cambio de gobierno en 1943 que frenó el proceso.

A lo largo de los años, la Línea 39 ha experimentado transformaciones notables tanto en su aspecto visual como en sus características técnicas, reflejando los distintos momentos históricos del transporte urbano en Buenos Aires.

En 1948, la flota incorporó los míticos Chevrolet «Sapo», reconocidos por la singular forma de su trompa. Estos vehículos no solo aportaron un diseño distintivo a la línea, sino que también marcaron una época en la vida cotidiana porteña.

En 1962 se constituyó Transportes Santa Fe S.A., lo que supuso un paso fundamental en la profesionalización y crecimiento de la línea. Ese mismo año, se sumaron los Bedford nacionales, ampliando la capacidad y modernizando el servicio.

La demanda creciente en el barrio de Colegiales llevó en 1992 al desdoblamiento de la línea en dos ramales, Crámer y Costa Rica. Esta decisión permitió una mayor cobertura y eficiencia en el servicio, adaptándose a las necesidades de los usuarios.

En 1996 nació el Ramal 3, que comenzó a circular por Palermo Viejo. Esta nueva ruta respondía al vacío dejado por el histórico ómnibus 14, asegurando así la conectividad y continuidad en el área.

En la última década, la Línea 39 se consolidó como una de las más apreciadas por los usuarios, siendo reconocida por la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT). Este reconocimiento se debe principalmente a su estrategia de transformar el viaje cotidiano en una experiencia agradable y moderna.

En 2013, la Línea 39 fue pionera en incorporar unidades equipadas con aire acondicionado, lo que supuso un avance significativo en la comodidad de los pasajeros. Además, se instalaron ventanas panorámicas, permitiendo disfrutar de una mejor vista durante el trayecto y aportando una sensación de mayor amplitud dentro del vehículo.

La modernización tecnológica se materializó en 2014 con la llegada de las pantallas SmartBusTV. Estas pantallas ofrecen noticias y muestran las paradas en tiempo real, facilitando la información y el entretenimiento a bordo, y aportando una experiencia más dinámica para los usuarios.

En 2015, la Línea 39 marcó otro hito al ser pionera en ofrecer Wi-Fi gratuito y puertos USB para la carga de dispositivos. Esta innovación responde a la creciente necesidad de conectividad y permite que los pasajeros permanezcan conectados durante todo el viaje, adaptándose a las demandas tecnológicas de la sociedad actual.

Los años en que Carlitos Balá fue el alma de la Línea 39

Entre la terminal de Chacarita y las caballerizas de «Casa Amarilla», el ídolo popular forjó su carrera haciendo reír a los pasajeros «a la gorra».

Mucho antes de los flashes y los grandes estudios de televisión, el escenario de Carlitos Balá tenía cuatro ruedas y un recorrido fijo entre Chacarita y Barracas. Con apenas 20 años, mientras dividía sus horas entre el negocio familiar y la bohemia del barrio, el joven artista encontró en la Línea 39 el lugar perfecto para ensayar su destino.

La identidad de Balá está indisolublemente ligada a su barrio. Se crió en un emblemático condominio de estilo español de principios del siglo XX, conocido como «Casa Amarilla». Este edificio, que en sus orígenes funcionó como las caballerizas de la comisaría local, fue el refugio donde Carlitos comenzó a gestar su picardía característica.

Viviendo en la calle Olleros al 3900, su rutina estaba marcada por la cercanía con la terminal de la Línea 39. Allí, la vecindad y la amistad con los choferes le abrieron las puertas a una aventura que cambiaría su vida.

Fue en la década de 1950 cuando Balá decidió convertir sus visitas a la terminal en una oportunidad creativa. Aprovechando el tiempo libre que le dejaba el comercio de su familia, comenzó a subir a las unidades para trabajar «a la gorra».

 

 

 

 

 

 

 

Portal de Parque Chas

Redacción

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