Mónica Dittmar: la lucha de «Urquiza más Verde» por un parque ferroviario 100% público
El fantasma de la especulación inmobiliaria continúa rondando los escasos espacios públicos de la Ciudad de Buenos Aires, un problema central ante el reclamo vecinal que exige mayor cantidad de áreas verdes. Para profundizar en esta problemática, el programa radial Pica la etiqueta de FM La Tribu dialogó con la referente de la asamblea barrial «Urquiza más Verde» e integrante de la Red de Tierras Ferroviarias Verdes, quien detalló la histórica pelea por la recuperación de los terrenos linderos a la estación de Villa Urquiza.
Desde la organización vecinal sostienen una postura firme: exigen que la totalidad del predio ferroviario disponible se transforme en un parque urbano que sea 100% verde y público, rechazando de forma categórica la construcción de torres de viviendas o emprendimientos comerciales que achiquen el área recreativa. Actualmente, el Gobierno de la Ciudad avanza en la ejecución de una primera etapa que contempla las parcelas 23 y 24, una superficie aproximada de 6 mil metros cuadrados ubicada sobre la Avenida Triunvirato y Franklin D. Roosevelt, donde anteriormente funcionaban canchas de fútbol privadas y locales comerciales que ya fueron desalojados. Sin embargo, la preocupación de la asamblea radica en las parcelas 25 y 26, las cuales aún conservan la capacidad constructiva otorgada por normativas previas, lo que mantiene latente el riesgo de desarrollos inmobiliarios en altura.
Dittmar explicó que la problemática de los playones ferroviarios se repite en diversos puntos críticos de la Capital Federal como Caballito, Colegiales, Liniers y Palermo, tratándose de predios nacionales administrados por la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE). Al encontrarse en las inmediaciones de los centros urbanos y las estaciones de transporte, estas tierras poseen un valor económico altísimo que se incrementó significativamente tras las modificaciones al código urbanístico de 2018 y 2019, las cuales habilitaron usos mixtos como polos gastronómicos, oficinas y hoteles. Para la arquitecta, la falta de infraestructura frente a esta densificación constructiva generó el colapso de varios barrios, agravado por las consecuencias del cambio climático y la pérdida de los últimos pulmones verdes de la ciudad.

El predio en disputa en Villa Urquiza abarca una superficie total de unos 8 mil metros cuadrados en una zona de alta densidad, caracterizada por la confluencia de la línea B de subte, el ferrocarril Mitre y un intenso caudal vehicular proveniente de la Avenida General Paz. A pesar de que las modificaciones del código continúan permitiendo edificaciones de gran envergadura en los alrededores, los vecinos insisten en proteger este sector catalogándolo bajo la normativa de Urbanización Parque (UP) para impedir definitivamente cualquier obra en altura. Con este propósito, la asamblea ha presentado sucesivos proyectos de ley en la Legislatura porteña y, recientemente, mantuvieron una recorrida por el lugar con la legisladora Manuela Thourte para impulsar una iniciativa que catalogue las parcelas pendientes bajo la figura de protección ambiental.
La urgencia por incluir las parcelas 25 y 26 en el diseño definitivo del parque responde a factores ambientales e identitarios de gran relevancia. Dittmar puntualizó que en el sector que da hacia las calles Bucarelli y Roosevelt se encuentra una arboleda centenaria, uno de los últimos refugios forestales frondosos del barrio que actúa como una barrera natural contra la severa contaminación sonora provocada por el transporte público. Asimismo, en esa misma área se preserva una antigua vivienda ferroviaria de finales del siglo XIX. Los vecinos proponen resguardar esta estructura original para reacondicionarla y destinarla a un centro comunitario, un espacio cultural o un área de recreación educativa, integrando todo el predio en un diseño de «biocorredor» urbano continuo que evite, a su vez, la construcción de grandes playas de estacionamiento subterráneas o túneles vehiculares invasivos.
Ante los discursos que justifican la venta de tierras públicas como un mecanismo necesario para financiar al Estado, la referente barrial aclaró que no se trata de oponerse al desarrollo o a la necesidad de viviendas sociales, sino de planificar de forma integral y sustentable. En esa línea, recordó que un proyecto de 2018 pretendía destinar el 35% de la superficie a la construcción de tres torres de más de quince pisos en las que vivirían miles de personas, lo que hubiera significado un impacto caótico para los servicios públicos del entorno. Aunque esos lotes salieron a subasta pública en diez oportunidades sin registrar oferentes debido a sus dimensiones particulares, los vecinos rechazan la lógica de que el Estado construya plazas periféricas solo para revalorizar las visuales de los desarrollos privados.
Finalmente, la arquitecta rememoró el poder de la organización colectiva en el barrio tomando como ejemplo la recuperación de la actual Plaza Jorge Casal —nacida como un espacio vecinal tras las movilizaciones del año 2001 en un predio que iba a destinarse a un patio de comidas— y la exitosa restauración del Cine Teatro 25 de Mayo. Dittmar concluyó señalando que el motor de la asamblea «Urquiza más Verde» radica justamente en esa energía acumulada a lo largo de décadas de trabajo comunitario, demostrando que la construcción de la ciudad debe ser impulsada por la propia sociedad civil para garantizar una vida urbana saludable y digna.
