URCHASDONÍA con un cierre a pura orquesta

Crónica de la velada final en el Complejo Cultural 25 de Mayo, del primer Festival de Tango Independiente que reunió en un solo corazón a los barrios de Villa Urquiza, Parque Chas, Villa Pueyrredón y Agronomía.

 

Por Diego Joy

(para ParqueChasWeb)

 

El Barrio cómo espacio urgente para el arte. Primer y último bastión de resistencia creativa. La voluntad y el empuje autogestivo de un grupo encabezado por dos locos hermosos, el milonguero Marcelo Lavergatta y el cantor Cucuza Castiello pusieron en acto un sueño barrial. Tetrabarrial, por así decirlo. El Primer Festival de Tango URCHASDONÍA (Villa URquiza, Parque CHAS, Villa PueyrreDON y AgronomÍA) tuvo lugar del jueves 16 al lunes  20 de noviembre. Literatura, pintura, danza, fútbol y música, siempre música, mucha música. “Cuatro Barrios, un solo Corazón” fue el lema del Festival. Hay que decir que fueron muchos los corazones comprometidos en la organización y muchos más los corazones conmovidos y agradecidos que lo disfrutaron.

El mítico, hermoso, recuperado para la Cultura Popular, Cine Teatro 25 de mayo fue el inmejorable escenario del cierre del Festival. Luis Tarantino, profundo conocedor de nuestro querido Tango, ofició de presentador.

Abrieron la noche los ganadores del certamen de cantores que formó parte del evento. Talento y solvencia para darse el gusto de cantar sobre las mismas tablas que alguna vez pisó Don Carlos Gardel.

También hubo milongueros, encabezados por uno de los alma mater (¿alma pater?) del Festival, Marcelo Lavergatta, conmoviendo sin necesidad de artificios. Honraban así, jugando de locales, la notable tradición milonguera de Villa Urquiza y cercanías, digna de ser estudiada y reconocida.

Cucuza Castiello, el otro alma mater (¿alma pater? que se arreglen ellos para decidir quién es el pater y quién la mater) se adueñó luego del escenario junto al Trío Inestable (Mateo Castiello, Sebastián Zasali y Noelia Sinkunas). Cucuza es un notable cantor, de lo mejor que puede ofrecer la escena actual y eso que puede ofrecer mucho y muy bueno. Pero además se fabrica sus propios espacios en los que es increíblemente generoso con colegas cantores, músicos y público. Un imprescindible. Un imprescindible con un repertorio al que le cabe el mismo adjetivo. Exquisiteces tangueras para negros paladares.

Minutos después de la impecable presentación de Cucuza y el Trío Inestable es el turno de Ariel Ardit. Uno podría apostar a que el De Lorean funciona y los viajeros del tiempo están entre nosotros. Ardit es un cantor con estampa, voz, clase y barrio como lo eran los cantores del 40. Aquello que se dio en llamar la Época de Oro. Estoy seguro que cualquier día lo veré en alguna cinta clásica, en blanco y negro, con bigote anchoíta, en algún ciclo televisivo sobre cine argentino. Ardit regala versiones de tangos bellísimos aunque no tan escuchados. El virtuoso cuarteto que lo acompaña se despacha con arreglos deliciosos. Difícil no aplaudirlo de pie.

Precisamente, de pie terminó el colmado 25 de Mayo cuando, a los postres, el cuarteto de Ardit encaró uno de sus caballitos de batalla, Mariposita, que cantaron a dúo Ariel y Cucuza y que bailaron los milongueros que habían deleitado a todos con su arte un rato antes.

Nadie parecía querer que el Festival Urchasdonía termine. Los músicos tocaban, los cantores cantaban y los milongueros bailaban al menos un momento más. El público aplaudía, agradecía y se emocionaba.

Estas líneas intentan ser un agradecimiento, seguramente torpe en cuanto a lo literario, aunque profundamente sentido a tipos que son capaces de jugarse regalando horas de sueño y poniendo en riesgo su patrimonio para poner en valor nuestra identidad, nuestra cultura, nuestro Tango. Por cierto, ¿hay algún género musical que vaya acompañado de la densidad lírica de nuestro tango? ¿El Rock Argentino? Tal vez. ¿Hay algún otro?

Esta nota quisiera, además, como es obvio al leerla, rehuir de la pretensión periodística. Quisiera, más bien, invitarte a que vayas por tu barrio –cualquiera sea tu barrio- atento para detectar a los laburantes de la Cultura Popular. Esos siempre entregados de cuerpo y alma a construir espacios, por pequeños que sean, para preservar quienes somos. Para preservarnos. El Festival Independiente Urchasdonía no es un pequeño espacio. Es un enorme vergel tanguero donde seguiremos abrevando los que amamos este género, estos barrios, esta ciudad.

(Foto: Diego Bernardez)

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