Pequeño gran barrio

Con la inauguración de la estación ferroviaria, el 1 de febrero de 1891, esta zona de quintas dio el primer paso para convertirse en un señorial vecindario. A pesar de ser uno de los distritos más chicos de la ciudad, Coghlan se diferencia de los demás por el carácter residencial de la mayoría de sus calles. Sede de importantes edificios y cuna de reconocidas personalidades, ¡hasta puede jactarse de tener su propio obelisco!

Por Eduardo Criscuolo

Nuestro entrañable barrio de Coghlan cumplió 120 años. En realidad la estación, ya que se inauguró el 1 de febrero de 1891. Con el devenir del tiempo se fueron afincando vecinos y se levantaron viviendas, costumbre inveterada que los pueblos surjan alrededor de la estación de ferrocarril. Finalmente se formó este rincón de Buenos Aires, florido y con altos árboles que saben de la historia y de la vida que se fue quedando en el vecindario.

La zona pertenecía al Cuartel 5º del Pueblo de Belgrano, fundado en 1855. Para cuando se estableció la Estación Coghlan ya formaba parte de la Capital Federal. Prácticamente era un sector de extensos terrenos, donde se asentaban chacras y quintas -con gran producción de verduras, hortalizas y frutos- que abastecían a la ciudad. En 1887 era presidente de la Nación el Dr. Miguel Juárez Celman, quien le otorgó a Emilio Nouguier, esposo de Pepa Casares Martínez de Hoz, la concesión de un ramal ferroviario a construir entre la estación Belgrano y el pueblo de Las Conchas (Tigre). Para ello, Nouguier fundó la “Compañía Nacional de Ferrocarriles Pobladores” que, de inmediato, adquirió tierras en los lugares donde se construirían las estaciones del nuevo ramal. Un año después, la Compañía compró 30 hectáreas en lo que ese entonces era el barrio de Belgrano. Años después, en esos terrenos surgiría el barrio de Coghlan.

La empresa de Nouguier inició las obras, pero hacia fines de 1889 se detuvieron los trabajos en razón de que el directorio de la compañía declaró tener dificultades para obtener créditos. No obstante, como dijimos al principio, la estación se inauguró el 1 de febrero de 1891. En los vastos terrenos de los alrededores sólo residían dos vecinos: Tomás Lambruschini y José Sanguinetti, dueños de extensas quintas de verduras ubicadas sobre las actuales calles Congreso, Washington, José P. Tamborini y las vías del ferrocarril.

Evidentemente, la Compañía Nacional de los Ferrocarriles Pobladores se dedicó a lo único que realmente le interesaba: el loteo de las tierras que habían permanecido en su poder y el negocio que derivaba de ello. El 8 de marzo de 1891 se realizó el primer remate. Las cinco primeras escrituras del futuro barrio fueron para Simón Casaubón, Francisco Vidal, Ramón Antelo, José Antelo y Pablo Brousson. Ellos, juntamente con Lambruschini y Sanguinetti, fueron los vecinos pioneros de Coghlan.

El hombre ilustrado

La Estación Coghlan fue bautizada así en homenaje al ingeniero irlandés Juan Coghlan (1824-1890), graduado en la Escuela de Artes y Manufacturas de París en 1844. En 1846 comenzó su carrera como ayudante en la Oficina de Obras Públicas, donde se especializó en temas ferroviarios. Dirigió obras en España, Alemania y Suecia. Llegó a Buenos Aires en 1857 y un año después se desempeñó como director del Ferrocarril Oeste por un lapso de dos años. Poco después presentó un proyecto de aguas corrientes para la ciudad, donde argumentaba a favor de la toma de agua desde el Río de la Plata en lugar de pozos profundos. Los primeros trabajos de aguas corrientes se efectuaron sobre el proyecto de Coghlan y en 1868 fue nombrado miembro de una comisión especial formada para tal actividad, juntamente con el entonces director del Ferrocarril Oeste, Emilio Castro: se trataba del núcleo de lo que mucho después sería Obras Sanitarias de la Nación.

El Gobierno también comisionó a Coghlan para que, en cumplimiento de una ley provincial, preparara y dirigiera las obras de un puerto para Buenos Aires. El proyecto no obtuvo resolución definitiva. Posteriormente, Juan Coghlan ocupó el cargo de director de la oficina de Puentes y Caminos de la Provincia de Buenos Aires. Estudió el tramo del ferrocarril de Campana a Rosario y en 1885 dirigió la construcción de un muelle en la boca del arroyo Ramallo. Finalmente, viajó a Londres en calidad de miembro del directorio del Ferrocarril Sur de Londres, del que llegó a ser presidente. Era una persona de muy buena reputación como técnico que, después de una destacada actuación en nuestro país por espacio de 30 años, había conciliado muy buenos amigos y excelentes méritos que le valieron el reconocimiento público de varias personalidades de la época, entre las que figuraban el presidente de la República Miguel Juárez Celman, el vicepresidente Carlos Pellegrini, los ex presidentes Bartolomé Mitre y Domingo Sarmiento y otros prominentes funcionarios y personajes de aquel momento.

Juego de límites

Obra en mi poder una Guía de Planos “Filcar Publicidad. Planos de los 45 barrios de la Ciudad de Buenos Aires. Bs. As., edición 1963”. Observo el plano de Coghlan y sus límites eran en aquel entonces las calles Pampa (sic), Plaza, Dr. Pedro Ignacio Rivera y Vidal. Durante el gobierno municipal de facto del Gral. Manuel Iricibar se dictó la Ordenanza 23.698 del año 1968, con nuevos límites para los barrios de la ciudad. Posteriormente, y siendo intendente municipal de facto Saturnino Montero Ruiz, se dictó otra Ordenanza, la 26.607 del año 1972, por la que se ajustaron algunos límites señalados por la anterior. Finalmente, fueron ratificados por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires a través de la Ley Nº 1777.

De tal manera, los límites del barrio de Coghlan son los siguientes: vías del ex Ferrocarril Mitre, Zapiola, Franklin Roosevelt, Av. Dr. Ricardo Balbín, Av. Monroe, vías del ex Ferrocarril Mitre (ramal José León Suárez), Estomba, Tronador, Av. Congreso y pasaje San Francisco de Asís. Destacamos que en la actualidad los barrios de la Ciudad de Buenos Aires son 48, teniendo en cuenta que la Ley 1907/07 de la Legislatura porteña reincorporó al ejido de la ciudad al barrio de Parque Chas.

Algunas postales del barrio

Bueno, decimos postales pero en realidad haremos un raudo repaso alrededor de algunas importantes instituciones y edificios emblemáticos: el Hospital Pirovano, la Parroquia Santa María de los Angeles y la torre de ventilación de la segunda cloaca máxima (“obelisco de ladrillos de Coghlan”, en palabras del Dr. Luis Alposta), entre otros.

En 1893 ocupaba la Intendencia de la Capital Federal el Dr. Federico Pinedo y a cargo de la Dirección de la Asistencia Pública se encontraba el Dr. Juan Bautista Señorans. Se creó una comisión especial integrada por el Ing. Emilio Agrelo y los doctores Señorans, Arturo Billinghurst, Nicolás Ramallo y Joaquín Sánchez a fin de concretar la construcción de un hospital en la parroquia de Belgrano.

El 26 de agosto de 1894 se colocó la piedra fundamental del futuro nosocomio, en una ceremonia de la que participaron como padrinos el Dr. Luis Sáenz Peña y su esposa, Cipriana Lahitte, que fueron representados por el Dr. Juan B. Señorans, director de la Asistencia Pública, y la señora Josefina Mitre de Caprile, hija del prócer. Una vez finalizadas las obras y ya por habilitarse, se le impuso el nombre del afamado médico Dr. Ignacio Pirovano, que justamente había fallecido el 2 de julio de 1895. En realidad se lo había bautizado con el nombre de Hospital de Belgrano. El 12 de julio de 1896 se inauguró el centro asistencial, con sede en la calle Monroe 3555, donde se halla actualmente; su primer director fue el Dr. Arturo Billinghurst.

Como no había en Coghlan capilla dedicada al culto católico, los vecinos acudían a las iglesias de Belgrano o de Villa Urquiza. En algunas ocasiones, los padres capuchinos oficiaban misas en algunos domicilios particulares, como el de la familia Dumit en la calle Estomba al 2600. Destaquemos que la capilla del Hospital Pirovano era el centro de la feligresía católica del barrio, donde se celebraban misas, casamientos, funerales y otros actos de índole religiosa.

El Arzobispo de Buenos Aires encomendó a los padres capuchinos (estamos en octubre de 1928) a realizar sus actividades en una residencia particular ubicada en la Av. Congreso 3742. Más tarde se trasladó el oratorio a una vivienda en la misma arteria al 2700 y poco tiempo después se instalaron unas pocas cuadras más al norte. Ya en 1930 se ubicaron en la esquina de Rómulo Naón (ex Av. Forest) y José Tamborini (ex Guayrá), donde se levantó una modesta capilla en 1933. Inaugurada en 1928 por los padres franciscanos capuchinos, la Parroquia Santa María de los Angeles (patrona de los niños de Buenos Aires) es de estilo neorromántico. Posee una enorme cúpula hexagonal, que remata en cuatro pináculos con las mismas medidas de la primitiva capilla de Santa María de los Angeles de Asís (Italia). Es obra del arquitecto Horn. El altar mayor está ubicado debajo de la cúpula. Sobre las paredes laterales hay dos murales modernos hechos por el sacerdote uruguayo Jerónimo Bornias. Uno, que muestra como fondo a nuestra ciudad, representa a La última cena y el otro a Jesús con los profetas. El templo queda en Rómulo Naón 3250.

Uno de los monumentos más sobresalientes del barrio es el Palacio Roccatagliata, construido en 1900, que ofrece un estilo señorial pero sin excederse en ornamentos decorativos; es exponente de la escuela arquitectónica del neorrenacimiento italiano. Está ubicado en Av. Ricardo Balbín y Franklin Roosevelt. Otro detalle curioso: Coghlan posee una muy buena biblioteca en una de las salas de la estación, fundada por la Asociación Amigos de la Estación Coghlan, que cuenta con más de 3.000 libros. Es realmente un caso que sorprende. No deje de visitarla, aunque estimo que todo Coghlan ha pasado por la “Biblioteca de la Estación”.

Algo más que caracteriza al barrio: aunque suene extraño, tiene su propio obelisco. Una torre de ladrillos que se eleva como faro de ventilación de la segunda cloaca máxima de la ciudad, que arranca desde allí. Tiene una altura de 35 metros y se encuentra en la calle Washington 2944.

Aquí vivieron

El barrio también tiene su historia de personajes ilustres. Comencemos por un eximio artista plástico, Lino Eneas Spilimbergo (1896-1964), que en su casa de José P. Tamborini al 3800 alumbró muchas de sus grandes obras. En la vivienda ubicada en la esquina de Pedro Rivera y Melián vivió el maestro Athos Palma (1891-1951), figura de singular relieve en la música argentina. Asimismo, habitó en Coghlan el poeta lunfardo Julián Centeya (Amleto Vergiatti, 1910-1974), prestigioso exponente de la poesía y el tango lunfardos. Otra figura destacada fue el profesor Alfredo Noceti (1928-2005), historiador del barrio, miembro fundador de la Junta de Estudios Históricos de Coghlan -de la que fue primer presidente- e integrante de la Junta de Estudios Históricos de Belgrano. Publicó varios libros sobre Coghlan (con la colaboración de Emilio Bence), Belgrano R y otros temas.

Coghlan también albergó a cantores de tangos como Enrique Dumas y Rolando Chaves, que interpretó a Carlos Gardel en un film, y a Roberto Goyeneche, el “Polaco”, que durante muchos años vivió en la casa de la calle Melián al 3100. También debemos incluir a la notable artista plástica Anikó Szabó, que con su pintura naif tan especial eternizó a la Estación Coghlan, y a su hermana Eva Szabó de Puricelli, campeona nacional de tiro con pistola.

“Rayuela” en Coghlan

Transcribo unos párrafos de Alex Waterhouse-Hayward, un niño que entre 1949 y 1954 habitó con sus familiares una casa de la calle Melián al 2700: “Mi casa, casi esquina con Nahuel Huapí, tenía en su angosto pero largo jardín dos enormes palmeras, ciruelos de cinco variedades, un níspero, un caqui, una glicina y una frondosa higuera a la que nunca me pude encaramar por su resbalosa corteza. En la fría casona, la única pieza que nos brindaba calor en los inviernos de la ‘generación de los sabañones’ era la cocina con su vieja estufa de gas. Fue allí donde mi papá, George, conversaba a menudo con su amigo Julio Cortázar. Nuestra mucama y cocinera, Mercedes Bazaldúa, les batía unos Nescafé con azúcar y gotitas de agua a cucharita que George y Cortázar disfrutaban con sus cigarros. Mi papá fumaba Players Navy Cut, que conseguía de la Embajada de la India, en donde trabajaba como traductor. Cortázar aborrecía los tabacos ingleses de mi papá. Me mandaba al boliche de la esquina, enfrente del almacén de Don Pascual, para comprarle Arizona”.

Memorias y melancolías

El barrio tiene su escritor, no el único (Rodolfo Braceli, nuestro colaborador, también vive en la zona), pero sí el más representativo: Mempo Giardinelli. Si bien nació en Resistencia, provincia de Chaco, allá por 1947, un buen día se vino a Buenos Aires y se instaló en Coghlan, en la calle Pedro Ignacio Rivera. Lo atrajeron la estación de aire provinciano, los altos árboles, las calles serenas… Un día fundó una revista, Puro Cuento (1986), que dirigió hasta 1992. Publicó libros: novelas, cuentos y ensayos de excelente repercusión popular: algunos de ellos le valieron distinciones de prestigio. Pero no olvidó a su barrio adoptivo. En 2005 apareció su libro Estación Coghlan y otros cuentos. Viaja a menudo a Resistencia y suele quedarse un buen tiempo. Pero vuelve a Coghlan. Mempo Giardinelli es un ícono del barrio.

El libro de los abrazos

Vamos a dar una vuelta por los recuerdos, aquellos que todavía están en nosotros. En la calle Pedro Ignacio Rivera (ex Bebedero) al 2700 durante muchos años existió una hermosa cervecería -de las de antes- con reminiscencias alemanas, pisos de madera, ventanales, amplia escalera también de madera y un estrado donde se había instalado un piano. Por supuesto, tenía jardín y glorieta para comer y beber al aire libre. Algo semejante al famoso “Bodensee”, de Crámer y Monroe. Era un lugar para la alegría, se bailaba y se cantaba. ¿Recuerdan su nombre? “Schubert Hauser”. Estoy seguro de que aún permanece en la memoria de unos cuantos vecinos. Agradeceré cualquier información que me hagan llegar sobre esta famosa cervecería de Coghlan. Y no puede estar ausente el recuerdo de la fábrica Sedalana, en la Av. Congreso, donde estuvo Zenith y ahora encontramos a Carrefour.

Mi querido lector, estoy seguro de que me quedan en el tintero o en la enrevesada selva de la memoria un montón de ilustres personajes, comercios y fábricas. Pero tengamos en cuenta que -como dicen en la televisión- el tiempo y el espacio son tiranos. Buena excusa para cuando está de olvido el corazón.

Fuente: PERIODICO EL BARRIO

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