Pelotaris, el Pepe se las cantó

 

Se lo extraña al Pepe. Los grandes medios, siempre como “curiosidad”, siguen trayéndonos noticias espeluznantes sobre recalentamiento del planeta.

 

por Rodolfo Braceli

Mientras se baten records suicidantes (tala de árboles, saqueo de humedales, soja alevosa), en esta patria idolatrada proliferan los monicacos y monicacas (políticos, periodistas, etc.) que quieren sacar rédito electoral de las tragedias. Y las celebran sin asco. Pasó, para variar, con la última inundación en la provincia de Buenos Aires. Obscenidad galopante. ¿Y a eso quieren denominarlo “nueva política”? Madremía.

 

Buena ocasión para retomar un discurso que el Pepe Mujica dio en el junio del 2012 en una cumbre realizada en Brasil. Aquel discurso anidaba una pregunta crucial e incómoda: ¿Hasta qué punto, al capitalismo consumista del Primer Mundo, neoliberalismo mediante, le importa la mentada ecología?

 

Recordemos que los grandes estadistas del mundo escucharon al desaliñado Mujica con desgano. Pasó el tiempo como siempre pasa y aquel discurso se convierte en una canción que ahora necesitamos escuchar muchas veces. Cada día cala más hondo. Es una flor de encíclica laica que contiene “verdades brutales”. Imprescindible reiterar las reflexiones del Pepe porque, tal como vamos, la vida de la humanidad entera entró en una cuenta regresiva.

 

El Pepe fue al grano: “Permítasenos hacer algunas preguntas en voz alta. Toda la tarde se ha hablado del desarrollo sustentable. De sacar las inmensas masas de la pobreza. ¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas? ¿El modelo de desarrollo y de consumo que queremos es el actual de las sociedades ricas?”

Los altos pensadores neoliberales, neobuitres empezaron a carraspear. El Pepe avanzó: “Me hago esta pregunta: ¿qué le pasaría a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes? ¿Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar?”

 

La pregunta arrinconó al Primer Mundo neoliberal con ese “cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar”. Por las dudas el Pepe explicitó: “Más claro: ¿tiene el mundo los elementos como para hacer posible que 7 mil u 8 mil millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales? ¿Será eso posible? ¿O tendremos que darnos otro tipo de discusión?”

Tras la provocadora pregunta, siguió el Pepe: “Hemos creado esta civilización en la que hoy estamos: hija del Mercado, ha deparado un progreso material explosivo. Pero la economía de Mercado ha creado sociedades de Mercado. Y nos ha deparado esta globalización. ¿Estamos gobernando esta globalización o ella nos gobierna a nosotros?”

 

El Pepe no dio respiro: “¿Es posible hablar de solidaridad en una economía basada en la competencia despiadada? ¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad?”

 

El Pepe seguía metiendo el dedo en la llaga original del neoliberalismo: “La gran crisis que tenemos no es ecológica, es política… El hombre no gobierna hoy a las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado gobiernan al hombre. Y a la vida. No venimos al planeta para desarrollarnos solamente… Venimos para ser felices. Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida. Esto es lo elemental. Pero la vida se me va a escapar, trabajando y trabajando para consumir un “plus” y la sociedad de consumo es el motor de esto. Ese hiper consumo es el que está ‘agrediendo’ al planeta. Y tienen que generar ese hiper consumo, para que las cosas duren poco, porque hay que vender mucho. Y una lamparita eléctrica, entonces, no puede durar más de 1000 horas encendida. ¡Pero hay lamparitas que pueden durar 100 mil horas! Tenemos que sostener una civilización del ‘úselo y tírelo’, y así estamos en un círculo vicioso. Pero no podemos seguir gobernados por el Mercado, sino que tenemos que gobernar al Mercado. Por ello digo, que el problema que tenemos es de carácter político. Los viejos pensadores –Epicúreo, Séneca y también los Aymaras– definían: ‘pobre no es el que tiene poco sino el que necesita infinitamente mucho’.

 

El Pepe, sin corbata y campechano siguió: “Sé que algunas cosas de las que estoy diciendo ‘rechinan’. Pero tenemos que darnos cuenta de que la crisis del agua y de la agresión al medio ambiente no es la causa. La causa es el modelo de civilización que hemos montado. Y lo que tenemos que revisar es nuestra forma de vivir. Mis compañeros trabajadores lucharon mucho por las 8 horas. Y ahora están consiguiendo las 6 horas. Pero el que tiene 6 horas, se consigue dos trabajos; por lo tanto, trabaja más que antes. Para pagar la moto, el auto, cuotas y cuotas, y cuando se quiere acordar es un viejo al que se le fue la vida. Y uno se pregunta: ¿ese es el destino de la vida humana? ¿Solamente consumir? Estas cosas que digo son muy elementales: el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad. Tiene que ser a favor de la felicidad humana; del amor a la tierra, del cuidado a los hijos, junto a los amigos. Porque es el tesoro más importante que tenemos.”

El Pepe, entonces presidente de un paisito suramericano, cerró clarito: “Cuando luchamos por el medio ambiente, tenemos que recordar que el primer elemento del medio ambiente se llama ‘felicidad humana’.”

 

El Pepe arrancó caretas cuando dijo, al pasar: “No podemos seguir gobernados por el Mercado, sino que tenemos que gobernar al Mercado.’”

Puso en evidencia que la preocupación ecológica de los países del primer mundo neoliberal, oscila entre la hipocresía y el cretinismo moral. Ejemplo: explota la burbuja financiera y para salvar a los bancos buitres se fabrica otra burbuja más grande. Con el 20 (veinte) por ciento de esa inversión salvadora de bancos voraces se terminaba con el hambre y el analfabetismo y las enfermedades endémicas del planeta.

 

 

Posdata. Con el alevoso oportunismo preelectoral se agita el tema de la inseguridad. Qué curioso, aquí todo el tiempo se habla de inseguridad y se elude a la pavorosa inseguridad planetaria, por el calentamiento global. ¿Cómo, cómo se puede ser tan imbéciles, tan pelotaris? Es la vida de nuestros hijos y de sus hijos lo que ya está en juego.

 

 

*   rbraceli@arnet.com.ar =.=    www.rodolfobraceli.com.ar

(Este texto se publicó originalmente en el diario JORNADA de Mendoza)

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