Código Urbanístico: no llega con buenos aires

“El proyecto de ‘Código Urbanístico’ no responde a las expectativas del presente ni de las últimas dos décadas de los habitantes de la ciudad”.  Nota de opinión del Planificador urbano, Manuel Ludueña.

 

 

Por  Manuel Ludueña
(Buenos Aires Sostenible. Colectivo: Talleres Barriales)

 

Los vecinos de los barrios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires demandan ser atendidos por sus representantes, así como por los funcionarios -cuyos salarios se pagan con el ingreso por el pago de los impuestos locales de ellos mismos- ante el proyecto de un “Código Urbanístico”. El sistema de consulta realizado solo fue dar “información sobre lo proyectado”, en el mejor de los casos con “aclaraciones sobre lo establecido en el articulado definido”. Lejos está de las aspiraciones de una elaboración en base a las necesidades de los habitantes, en el mejor de los casos el proyecto puede ser entendido como postura de los técnicos y funcionarios del área de la autoridad de aplicación. Cabe recordar que, cuando con los alumnos se jura por la constitución de la ciudad se incluye el de pertenecer a una jurisdicción donde se organizan “sus instituciones autónomas como democracia participativa”.


El proyecto de “Código Urbanístico” no responde a las expectativas del presente ni de las últimas dos décadas de los habitantes de la ciudad
, es decir, ante el proceso de sustitución de demoliciones por sobre-construcciones que, en la misma parcela, se pasó de edificios de menos de 200 metros cuadrados a edificios de más   de 5.000 metros cuadrados, de viviendas individuales a viviendas suntuosas, oficinas y comercios ABC1. Dicha valorización inmobiliaria no suele responder ni a la idea de la ciudad deseada, sentida o percibida por la comunidad; implica, en innumerables situaciones, la relocalización de vecinos de la ciudad al Gran Buenos Aires, en tanto quedan edificios vacíos en la ciudad, se acelera el aumento de la capacidad constructiva, los precios de los inmuebles y los alquileres, distorsionando la capacidad cierta de un desarrollo genuino -económica, social y ambientalmente sostenible-.

La ciudadanía no es homogénea, es diversa socioeconómicamente y culturalmente. El espacio construido debe responder a dicho desarrollo histórico en el territorio de la ciudad. No es democrático el uso de la aplanadora de los desarrolladores que, en nombre de empleos transitorios, evaluaciones inciertas y desatención al entorno, venden con el márquetin de lo suntuoso, del pertenecer, de una falsa modernización que implica lentos e ingentes desplazamientos poblacionales en pos de mostrar las postales turísticas que brillan con edificios multicolores y amplias sonrisas modelizadas e indoloras.

Desentendimiento de las Propuestas Vecinales

Las propuestas y las ausencias en el proyecto de Código Urbanístico dan cuenta de dos aspectos lamentables: no atienden los deseos de la comunidad y desconoce proyectar por un futuro sostenible, que dignifique a toda la sociedad porteña y a las generaciones futuras sin empeorar las condiciones existentes.

Sobre el primer aspecto, las propuestas, se destaca el no tomar conocimiento de la historia de la comunidad, de los cuales debieran considerarse las demandas de miles de vecinos de los barrios de Núñez, La Boca, Bajo Belgrano, Nuevo Colegiales, Colegiales, Barracas, Parque Patricios, Villa del Parque, Caballito, Flores, Floresta, Recoleta, Palermo, Abasto, Lugano, Liniers, Parque Chas, de los habitantes de los conjuntos de vivienda municipales y de villas y asentamientos, acentuados desde la década de los ´90 hasta y que se acrecientan con la venta de tierras públicas en nuestros días. Se transforman en ausentes aspectos tan diversos como: el desplazamiento de los comercios barriales por shoppings, super e hipermercados, por inseguridad vial, por ruidos de locales bailables o grandes eventos musicales, ocupación de espacios verdes, falta de equipamiento e infraestructura, construcciones desequilibrantes de los perfiles urbanos, destrucción de edificios con valor patrimonial, calles con adoquines patrimoniales demolidas o tapadas con asfaltos, desmanejo de los residuos sólidos urbanos, rampas para personas con discapacidad, inundaciones reiteradas en los arroyos canalizados, libre uso de la ribera, falta de espacios verdes, de escuelas, de jardines infantiles, de centros de salud y de hospitales, y otros aspectos también relacionados con temas del Código Urbanístico -como: usos, condiciones locacionales de las actividades, manejo de residuos, previsiones por inundaciones, asoleamiento, jerarquización vial, protección patrimonial, rehabilitación edilicia, et, etc.-.

Esta falta de reconocimiento de las aspiraciones de la comunidad se traduce en un articulado realmente “indeseable” que lesionan el sentido de pertenencia barrial, contrario a los deseos de los globalizadores, de la modernización exógena. Tal el caso de las alturas de los edificios: solo se atienden los criterios devenidos del Código de Planeamiento Urbano de 1977, así los distritos devienen en “unidades de sustentabilidad” y “corredores” restaurándolos como mera “morfología” y desconociendo el estado concreto de los barrios. Barrios enteros tienen alturas de 2 pisos promedio, tanto sobre calles como sobre avenidas, con comercios de alineación intermitentes -no continuos- (ver imágenes). Para justificarlos se utilizan imágenes falsas como la igualación de alturas edilicias en zonas de mayor densidad, entre 7 y 14 pisos, ocultando la densificación donde hay menos de 2 pisos. Incluso el concepto de “igualación” nunca será alcanzado por la existencia de escuelas (1980 establecimientos), centros de salud (86 establecimientos CESAC y Centros barriales), edificios con protección patrimonial (aproximadamente 15.000 edificios), comisarías (56 establecimientos), bomberos (17 establecimientos), centros comunales (15 establecimientos), centros culturales (33 establecimientos), centros religiosos (143 edificios), entre otros (ver fotos), que inhiben la igualación de alturas con los edificios más altos ¿por qué no igualar con la altura de los edificios institucionales o de valor patrimonial?. ¿no se transforma en demasiado artificial o carente de razonabilidad aumentar las alturas donde hay edificios patrimoniales y cuya capacidad “ficticia” sería transferida? O ¿inventarán en esos establecimientos nuevas capacidades de transferencia ficticia a que dé lugar, sin planificar? La indeterminación no es parte concebible, por la arbitrariedad que se introduce, como “código urbanístico”. ¿por qué preocuparse por el aspecto “no” estético de las medianeras como justificativo para “esconder bajo la alfombra”? ¿no debería obligarse a tener una terminación igual que en el frente del edificio?

Una cuestión complementaria, en relación a la diferencia de altura de los edificios entre los existentes y lo propuesto es que si se habilita a más de 1 o 2 pisos se está instando a su demolición y por tanto desfiguración acelerada del paisaje y la percepción de barrio.

 

Promoción de Desigualdades

Los habitantes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no necesitan un Código Urbanístico que no responda a sus expectativas, necesitan un Código Urbanístico que responda a sus vivencias y también a los criterios del urbanismo y las normativas instituidas. La codificación propuesta sobrepasa el accionar histórico, la capacidad constructiva y de inversiones de la comunidad. La codificación propuesta sentencia la aceleración de la implantación edilicia para grandes inversores, con mega tecnologías con poca mano de obra y mucho capital financiero que deja fuera a los inversores locales y al propio proceso urbano de apropiación sociocultural. Es evidente que se incrementarán las desigualdades y en gran medida un estilo de desarrollo urbano insostenible; incluso, parece estar alentándose una burbuja inmobiliaria sin capacidad de mantener el factor de multiplicación económica. Atender las aspiraciones de los ciudadanos y habitantes de la ciudad es la promesa de la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; la autonomía no es una mera intención jurisdiccional, es una aspiración ciudadana que se transfiere vivencialmente en el desarrollo de todas las atribuciones e instrumentos políticos ciudadanos.

 

Densidad Sostenible

Otro aspecto propositivo desproporcionado se evidencia si aplicamos solo uno de los indicadores de sostenibilidad urbana. El mismo se relaciona con la densidad básica como umbral mínimo, la cual debería igualar o superar las 40 viviendas por hectárea, 120 habitantes por hectárea. ¿Qué sucede en la Ciudad de Buenos Aires? Prácticamente no hay manzanas por debajo de esa ocupación; por el contrario, la densidad media bruta de la ciudad es de aproximadamente 150 habitantes por hectárea, y de aproximadamente 360 habitantes promedio por hectárea en los distritos residenciales. Es decir, en clave sostenible: la ciudad de Buenos Aires es compacta. Por lo tanto, es concordante con las aspiraciones consuetudinarias de la sociedad porteña, no así con la de los funcionarios que promueven un proyecto descontextualizado de Código Urbanístico.

Aún más cuestionable es la aspiración del Jefe de Gobierno (https://www.infobae.com/2013/01/01/689220-para-macri-la-ciudad-buenos-aires-deberia-duplicar- su-poblacion/) cuando alienta que en CABA viva una población de 6 millones de habitantes -el doble de la actual-. Solo observemos tres aspectos: desde 1947 no crece la población estable o nocturna; la población en 2010 fue de 2.890.151 habitantes; y, atendiendo a las variables demográficas el INDEC prevé para 2040 una población de 3.043.704 habitantes -un horizonte de largo plazo para la planificación urbana-. Asimismo, luego de 10 años de administración en la ciudad y de 2 en la Nación la recolección de basura no atiende la ley de basura cero, las compañías eléctricas no alcanzan a abastecer la demanda ni en primavera, las cloacas están colapsadas por las construcciones de los últimos años, con inundaciones como la de 2013 en el barrio de Saavedra y sin fecha cierta para la descontaminación del Matanza – Riachuelo.

 

Insostenibilidad y Ausencias

La capacidad constructiva que se promueve solo sigue un concepto funcional del pasado, al proponerse corredores que acentúan la mono- mega- concentración en el Área Central ampliada y una total negación a la problemática meteorológica, al regular como si no hubiera vientos predominantes, ciclos de solarización sobre la trama edilicia y desentendimiento de la vulnerabilidad a la inundabilidad de algunos sectores de la ciudad. Desentenderse del conocimiento acumulado tanto en información específica de cada parcela de la ciudad como de las capacidades técnicas de profesionales de distintas disciplinas da vergüenza ajena. Los Códigos anteriores -de Planeamiento Urbano 1977 – 2000, la Ley de la Propiedad Horizontal 1948 y de la Edificación 1943- han alentado el aumento de la capacidad  constructiva exacerbando la transformación de  barrios de casas -valorados por su forestación, fauna y un estilo de vida sosegada, barrial- en macizos de hormigón y vidrios de más de 7 pisos -Belgrano, Colegiales, Caballito y avenidas como Cabildo-Santa Fe, Rivadavia, Las Heras, Libertador, Callao, entre otros. En cada una de esas etapas se fueron limitando las condiciones de habitabilidad de los edificios de menor altura en relación a los “del nuevo código “más altos, dejando de atender en cada uno de ellos los postulados básicos del urbanismo; sol, agua, aire y suelo limpios, que se agudizan en el presente proyecto. Ahora es la oportunidad para evitar se agudice. En esta nueva codificación como Código Urbanístico, basado en la Ley 2930, pueden corregirse algunas de esas carencias tan significativas para quien quiere al barrio, la zona y la calle donde vive. Establecer las alturas de los edificios en función del asoleamiento anual y el viento se puede hacer en calle por calle, en lugar de hacerlo por manzana, lo que facilitaría que todos tengan sol durante todo el año y que no se bloquee la brisa y la descontaminación de las calles y avenidas.

 

Si desatender aspectos técnicamente milenarios -el viento, el sol, el aire y el suelo- es una clara regresión, plantearse que dichos aspectos se resolverán con aire acondicionado y calefacción son contrarios a las adhesiones internacionales que el gobierno de la ciudad y del país han realizado en diversas oportunidades; el código apuesta por la insostenibilidad energívora. La falta de energía no se resuelve con Leds en el alumbrado público, tampoco se puede aspirar a alcanzar una ciudad vivible asfaltando las calles, colocando carpetas plásticas como si fueran pasto natural, sin completar la forestación en las zonas comerciales u optimizando las calles para los automóviles sin mejorar la calidad del transporte público. La sostenibilidad nos exige disminuir el consumo de energía -especialmente la de origen fósil-, utilizar estrategias que vincule el uso de materiales, el diseño del espacio público con tecnologías sostenibles locales integrado a los espacios privados. La sostenibilidad es la mayor ausencia en el proyecto de Código Urbanístico.

 

El urbanismo no es una mera materia de escritorio, ni una teoría sin sociedad, o una técnica sin responsabilidad para mejorar las condiciones de vida. Menos es un artilugio que acepta slogans fraudulentos que esconden otros intereses, “eliminar caries”, “las medianeras no son estéticas”, “las esquinas enanas”, “espacios vacíos ¡qué horror!”, “completamiento”, “igualación de alturas”, todas expresiones de un “orden” que no responde a la sociedad civil. Buenos Aires tiene un perfil diverso, resultado de una historia de códigos escalonados que se desentendieron de los previos como si cada vez se pudiera comenzar, pero coincidieron con el designio de incrementar el suelo privado en detrimento de los espacios públicos -en 1925 había más de 3.000 hectáreas de espacios verdes, hoy, computando los maceteros viales, hay menos de 1.000 hectáreas- o sustituyendo los “tejidos blandos” y “precarios” por autopistas urbanas o promoviendo mejoras para cambiar la ciudad.

 

Hoy se pretende agregar, al aumento generalizado de alturas y la venta de tierras nacionales y de la ciudad, un tratamiento para acelerar inversiones inmobiliarias en las localizaciones con mayor renta y “asegurar” un alto retorno en poco tiempo al incrementarse el valor del suelo: una trama continua de edificios de más de 22 metros sobre las avenidas y los límites de la ciudad. Una extraña teoría de “unidades de sustentabilidad básicas” cuyo contorno está conformado por vías prioritarias para la circulación de vehículos motorizados, que se corresponden con las avenidas y calles más anchas y cubre la totalidad de la Ciudad de Buenos Aires, que generalmente admiten la máxima diversidad de usos, como una extensión de la mega- mono centralidad. Un grupo de organizaciones no gubernamentales preocupadas por las características del proyecto y el carácter impositivo de la misma -Movimiento Comunero, Salvemos el Barrio, Vecinos por las Casas Bajas, Buenos Aires Sostenible, Taller Libre de Proyecto Social, Colectivo Barrial Parque Chas, Observatorio 15, Grupo de Voluntarios Árboles Nativos, entre otros- devino en una serie de Talleres Barriales en diversas Comunas donde, en cada una de las reuniones, se expuso sobre mejoras y propuestas necesarias; sin entrar en detalle, es clara la lejanía entre el interés barrial como bien común y el impulsado por el Poder Ejecutivo como agregados de beneficios a parcelas privadas. Es evidente la distancia entre el interés de la ciudadanía -millones de personas- y el de los denominados decisores coyunturales: 1 Jefe de Gobierno, 3 Ministros, 2 Subsecretarios y 34 Legisladores para una ley que estará vigente en el mediano y largo plazo.

 

La Manzana

La manzana como unidad morfológica no tiene sentido ni en términos urbanísticos ni sostenibles. Primero, por el asoleamiento y los vientos a que se refiriera precedentemente. Segundo, porque habría que trabajar sobre el parcelamiento en un planteo selectivo y de largo o larguísimo plazo. Tercero, por el tratamiento confuso cuando se establecen simultáneamente medidas cuantitativas (ancho de calle, parcelas, altura) con proporciones (1/4, 1/3) y cuando no se atiende la misma medida o proporción entre los frentes de los edificios y los contrafrentes ya que supuestamente son espacio urbano y debieran facilitar igual asoleamiento a los locales de primera tanto del frente como del contrafrente. Este aspecto se agudiza cuando se trata por proporción anchos de manzana diferentes para igual altura de edificio. Indefectiblemente los pulmones de manzana serán diferentes, por tanto, carecen de equidad urbanística.

Se siguen reiterando los errores del pasado, aunque si se atienden las “desigualdades morfológicas del FOT”. El Código es una simple restauración, en nada genera expectativas de mejoras. Sin desatender los desacuerdos manifestados, la falta de infraestructuras interpela si se harán para los nuevos desarrollos y el resto de la ciudad seguirá con las vicisitudes y las protestas en las calles por falta de luz, agua, napa freática alta, etc.

 

Conclusión Provisoria

La sostenibilidad se basa en un triángulo indeformable: social, económico y ambiental. Lograr dicho equilibrio requiere tiempo, tolerancia, información con capacitación previa, corresponsabilidad, participación de los distintos grupos sociales – población de menores ingresos, grupos culturales, académicos, empresarios, etc., de todos los barrios y comunas- y no solo de los que están informados por orientación temática o que pueden presionar a favor de sus intereses, en este caso, muy alejados del bien común. Claro, esa no es la tradición de los códigos anteriores o el vigente. Su factura surgía de la comprensión de la ciudad por los profesionales especializados, que, incluso, desatendían la multidisciplinariedad.

Desde la Conferencia Internacional sobre Economía y Medio Ambiente en 1992, se reconoce la necesidad de implantar un “desarrollo sostenible” y se promueve una metodología básica para considerarla a nivel nacional, regional y local, en tanto se plantean aspectos centrales -temáticos, de gestión, de participación-, e incluso algunas metas básicas. En nuestro país, habiendo transcurrido más de 20 años, aún no se lo ha aplicado institucionalmente, salvo algunas localidades pequeñas y medianas a instancia de proyectos con financiamiento internacional.

El proyecto de Código Urbanístico retoma, bajo slogans y una pretendida manipulación pseudo informativa, un modo no democrático, presenta documentos terminados, que llama “Borradores” -marzo (1er) y agosto (2do) de 2017-, los cuales luego de una serie de reuniones no incorporan la visión vecinal, por el contrario, se incrementa la superficie construible en diversos “corredores” y en los límites de la ciudad. No atender a la comunidad convierte al documento en un tratamiento insostenible, acentuar y tratar predominantemente la cuestión urbanística como meramente económica rentística es gobernar sin atender la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, desentenderse abiertamente de los aspectos ambientales es contrario a mejorar las condiciones de vida. No hay buenos aires para nuestra ciudad.

 

 

Octubre de 2017

Las calles de Buenos Aires / ya son mi entraña. / No las ávidas calles, / incómodas de turba y ajetreo, / sino las calles desganadas del barrio, / casi invisibles de habituales /… Hacia el Oeste, el Norte y el Sur/ se han desplegado -y son también la patria- las calles; /ojalá en los versos que trazo/ estén esas banderas“, Jorge Luis Borges, “Las calles” en “Fervor de Buenos Aires” (1923)

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